Volumen 15 - Nº 89
Octubre-Noviembre 2005

 

La síntesis de la urea por Friedrich Wöhler puede ser considerada como un ejemplo de hallazgo accidental. Además de constituir la primera síntesis de un compuesto orgánico, el episodio tuvo significación por establecer la noción de isomería y de las reacciones
en fase sólida.




‘La extraordinaria y hasta cierto punto inexplicable producción de urea sin la asistencia de funciones vitales por la cual nos encontramos en deuda con Wöhler, debe ser considerada uno de los descubrimientos con los cuales ha comenzado una nueva era en ciencia’.
Justus von Liebig, 1837

La traducción publicada en esta revista del trabajo sobre la síntesis de urea (‘El artículo de Friedrich Wöhler “Sobre la producción artificial de la urea”’, Ciencia Hoy, 83: 36-39, 2004) nos motiva a efectuar algunos comentarios y reflexiones. El relato de la síntesis química de urea por Wöhler suele ser el primer contacto que toman tanto estudiantes secundarios como universitarios con la química orgánica como disciplina, puesto que la mayoría de los libros de texto que abordan esta rama de la ciencia consignan dicho logro en calidad de hito histórico indicador del nacimiento de la química orgánica. Este aporte de Wöhler suele ser señalado asimismo como el causante principal del destronamiento de la doctrina vitalista y el inicio de su prolongado decaimiento (afirmación que ha despertado muchas polémicas entre los historiadores de la ciencia especializados en el tema). Sin embargo, los alcances del hallazgo que Wöhler efectuó en 1828 trabajando en la Escuela Politécnica de Berlín van más allá (ver el recuadro ‘Algunas notas útiles’ en el artículo señalado).

Si bien la idea de estudiar las moléculas que componen los tejidos animales data de las primeras etapas de la investigación bioquímica, el aislamiento de la urea por Hilaire Marin Rouelle en 1773, la determinación de su fórmula empírica por William Prout en 1818, su hallazgo en sangre por Jean-Louis Prévost y Jean Baptiste André Dumas en 1823 y su posterior síntesis por Wöhler a la temprana edad de 28 años proveen en su conjunto los primeros estudios bien documentados acerca de un compuesto derivado de tejidos vivos. Estos estudios tuvieron el privilegio de iniciar una prolongada cascada de trabajos de investigación con el fin de conocer la composición de los tejidos animales, lo cual requirió el desarrollo de procedimientos efectivos para extraer y purificar compuestos naturales como ácidos grasos, carbohidratos, péptidos y, mucho más recientemente, ADN. Más aún, los resultados de Wöhler alentaron a los químicos de su época a intentar la síntesis de sustancias orgánicas, programa hacia el cual se canalizaron esfuerzos que de otro modo habrían sido orientados en direcciones diferentes. (Pero no fue sino hacia 1932 que pudo conocerse el mecanismo bioquímico de la síntesis de urea en células vivas –gracias a los trabajos del médico alemán Hans A Krebs y su estudiante Kurt Henseleit–.)

Además de ser considerada como el acta de nacimiento de la química orgánica, la contribución de Wöhler también puede entenderse como pionera en el campo de las ideas referidas a la isomería, importante fenómeno que se da tanto entre los compuestos orgánicos como en el seno de productos inorgánicos complejos. Un segundo aspecto digno de análisis en el trabajo de Wöhler es que se trató de un descubrimiento fortuito, un hallazgo accidental de un resultado tan valioso como inesperado, lo cual en lengua inglesa se suele designar como serendipity. Por otra parte, el seminal trabajo del químico germano es una prueba de la primera transformación química llevada a cabo en fase sólida en la que participó un compuesto orgánico, ejemplo de un tipo de procesos cuya importancia y utilidad aún no han sido completamente establecidas. En lo que sigue, examinaremos cada uno de estos tres aspectos con algo más de detalle.

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