Volumen 15 - Nº 87
Junio-Julio 2005

expansión agrícola y cambios en el uso del suelo

La soja se ha convertido en el principal cultivo de la Argentina, tanto en superficie implantada como en producción. En los últimos 15 años, estas se multiplicaron, respectivamente, unas 3 y 5 veces. En la campaña 2003/04 se sembraron 14,2 millones de hectáreas y se produjeron 34,8 millones de toneladas de soja y, tomando también sus productos, en 2003 la soja originó el 45% de las exportaciones agrícolas del país. El boom de la soja es parte de un fenómeno anterior más amplio: la creciente preponderancia de la agricultura en la producción agropecuaria extensiva argentina, algo que también se advirtió en el resto de Sudamérica.

Esta expansión agrícola es un caso particular de los frecuentes cambios producidos por los humanos en el uso del suelo, o en el tipo de aprovechamiento que realizan de los ecosistemas terrestres. Hoy, tal cambio es parte importante del llamado cambio global, junto con las alteraciones climáticas y las modificaciones en la composición atmosférica. Por lo tanto, sus consecuencias exceden el ámbito local o regional. La expansión agrícola influye sobre el clima, los ciclos del agua, el carbono y el nitrógeno en la biosfera, las emisiones de gases causantes del efecto invernadero y la biodiversidad. Al mismo tiempo, ante una demanda creciente de alimentos y fibras, el aumento de la superficie agrícola aparece como un proceso ineludible. Sus consecuencias sociales y ambientales, por otra parte, subrayan la importancia de planificar con cuidado la expansión del área cultivada por medio de una acción estatal que guíe y controle la operación de los mercados y, sobre todo, que asegure que las decisiones económicas privadas tomen en consideración los costos públicos y los efectos de largo plazo.

La expansión agrícola genera diferentes opiniones. Por una parte, la producción agropecuaria y sus sectores industriales y comerciales asociados celebran la incorporación de nuevas áreas productivas al mapa agrícola del país y los ingresos que generan. Por otra parte, las entidades conservacionistas alertan sobre riesgos para la continuidad de los ecosistemas, mientras grupos políticos pronostican efectos sociales negativos. Para poder planificar el uso del suelo hay que disponer, primero, de la información básica: la tasa de expansión del área agrícola, su distribución espacial, los controles ambientales aplicados, y las dimensiones tecnológicas, socioeconómicas y políticas del fenómeno. En esta nota describimos algunos de los cambios operados en el uso del suelo en buena parte de la Argentina sobre la base de estadísticas oficiales y del procesamiento de imágenes satelitales.

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