Volumen 15 - Nº 85
Febrero - Marzo 2005

 

En su libro Impostures intellectuelles [Imposturas intelectuales] (Paris, ­Odile Jacob, 1997) Alan Sokal y Jean Bricmont argumentaron en contra de aquellos intelectuales que utilizan el lenguaje de las ciencias exactas impropia o distorsionadamente en textos de ciencias humanas o sociales (ver M de Asúa, ‘Sokal ataca de nuevo’, Ciencia Hoy, 43: 19-24, 1997). Según estos críticos, el objeto de estas ‘imposturas’ sería vestirse con plumas ajenas, es decir, aureolar el discurso de las humanidades o las ciencias sociales con el prestigio secular de las matemáticas y la atractiva rigurosidad de la física en casos en los que no es necesario recurrir a dichos instrumentos. Los autores castigados por Sokal y Bricmont se caracterizarían, además, por escribir de manera oscura y críptica con el objeto de inducir un efecto de admiración reverente en los ‘profanos’. Las ‘víctimas’ del dúo de físicos son en general francesas y contemporáneas. Pero ya en los albores de la tercera década del siglo XX un literato argentino hizo uso de una estrategia similar a la criticada por Sokal y su colega. Se trata de Leopoldo Lugones (1874-1938). En 1920 el Centro de Estudiantes de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires invitó a este famoso escritor y personaje público a dictar una conferencia, la cual fue luego publicada como El tamaño del espacio. Ensayo de psicología matemática (Buenos Aires, El Ateneo, 1921), dedicada al Ing. Georges Duclout. Este trabajo es, en esencia, un larga discusión sobre el origen de los conceptos matemáticos. Lugones critica allí las posturas que considerarían válidos solo aquellos conceptos geométricos que pueden ser ‘intuidos’ –visualizados por la imaginación– y defiende una posición según la cual, en el caso de las nociones geométricas, el único criterio de validez es el puramente racional. Para discutir esta cuestión el autor utiliza como principal ejemplo el de la teoría de la relatividad. Recordemos que la teoría de la relatividad especial fue formulada por Albert Einstein en 1905 y la de la relatividad general en 1915. Además, Arthur Eddington proporcionó evidencia a favor de la teoría con su observación del eclipse total de Sol de 1919 (observó que la luz de las estrellas cercanas al borde del disco solar era desviada por efecto del campo gravitatorio del astro, según las predicciones de Einstein). Lugones se detiene en la geometría no-euclidiana de Riemann y en el espacio tetradimensional de Minkowski, instrumentos matemáticos íntimamente asociados a la relatividad general y un muy buen ejemplo de geometría no intuitiva. En su libro Las fuerzas extrañas (1906) este autor había incursionado en el género de los cuentos fantásticos, algunos de los cuales tenían argumentos de base científica. Hacia los primeros años de la década de 1920 la relatividad era poco conocida en nuestro país. Sería recién en 1925, el año de la visita de Einstein a la Argentina, cuando se profundizó el proceso de recepción de la teoría en ambientes científicos y filosóficos (ver recuadro ‘Relatividad y cultura en la Argentina de 1920’). Por esa época Lugones iniciaba su público viraje hacia un nacionalismo aristocratizante y militarista. Su conferencia fue un notable golpe de efecto que permaneció en la memoria viva (y en las biografías de las enciclopedias dedicadas a este autor) como el ejemplo sobresaliente de una inteligencia tan extraordinaria que era capaz tanto de escribir poesía lírica renovadora como de especular sobre las más avanzadas y abstractas cuestiones matemáticas y cosmológicas de su tiempo. Para comprobar o desestimar la verdad de esta apreciación no hay que hacer más que leer la conferencia.

Indice Inicio Siguiente
Pág. 62/66