Volumen 21 - Nº 122
Abril - Mayo 2011

Diego O Ferraro y Florencia Rositano
Facultad de Agronomía, UBA

 

Conocimiento e insumos en la agricultura moderna

 

¿DE QUÉ SE TRATA?

La agricultura consiste en la creación de ecosistemas culturales, que se superponen o combinan con los naturales. En esos agroecosistemas sigue operando la dinámica de la naturaleza, alterada por los insumos que introduce el agricultor, principalmente especies vegetales mejoradas –por el camino tradicional o por ingeniería genética–, fertilizantes y plaguicidas. El factor crucial para lograr un producto económicamente ventajoso con esos ingredientes es el conocimiento.

Cuando los seres humanos obtienen comida, fibras o combustible de la naturaleza, como lo vienen haciendo desde la aparición de la especie en la Tierra, se están valiendo de la función productiva de los ecosistemas. A los fines de nuestro análisis, y sobre la base de la equivalencia de materia y energía, los mencionados productos de la naturaleza pueden concebirse como porciones de energía. En estos términos, un ecosistema es una red de flujos de energía, con una estructura formada por plantas, animales y microorganismos.

Los ecosistemas están compuestos por organismos que absorben, transforman y transfieren energía y compuestos químicos. La fuente energética inicial para todos los ecosistemas es el Sol. La energía solar incidente es captada parcialmente por las plantas verdes, lo que les permite incorporar carbono del CO2 atmosférico para generar sus tejidos, que son consumidos como forraje por los herbívoros. El itinerario de la energía del Sol a las plantas y de estas a los herbívoros pasa luego a los carnívoros para los que los últimos son presas, y finalmente como materia muerta de cualquiera de los nombrados a los descomponedores. La complejidad del ecosistema está asociada tanto con el nivel de energía como con el número de especies que lo conforman, que a su vez dependen de las restricciones físicas que les imponen factores ambientales como suelo y clima.

La composición de especies de un ecosistema determina las interacciones que tienen lugar entre ellas, las que, con el tiempo, tienden a estabilizar la red de flujos de energía. Cuando esa red resulta modificada por acción humana, la cantidad de especies tiende a disminuir, es decir, acontece una simplificación de la estructura del ecosistema, lo cual lo vuelve más inestable porque se pierden controles internos que lo preservan. En esas circunstancias, la única forma de recuperar su funcionalidad es proveerle energía externa que reemplace las funciones internas afectadas por la pérdida de especies.

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