Volumen 21 - Nº 122
Abril - Mayo 2011


La diferencia entre utilidad y utilidad más belleza es la que
hay entre cables telefónicos y una tela de araña.
Edward Way Teale (1899-1980), escritor, naturalista y fotógrafo estadounidense

 

 

 

¿DE QUÉ SE TRATA?

¿Teme usted a las arañas? ¿Tendría una como mascota? La mayoría posiblemente conteste no a ambas preguntas, sobre todo por lo poco que sabe de este grupo numerosísimo y variado de pequeños animales que siempre acompañaron a la humanidad. Quienes lean el artículo conocerán un poco más y quizá alguno, al cabo de hacerlo, cambie sus respuestas a las preguntas.

 

Las arañas –igual que los escorpiones y los ácaros– constituyen un orden de invertebrados de la clase zoológica de los arácnidos, los cuales conforman un conjunto muy diverso y abundante de pequeños animales, con más de cien mil especies conocidas. Las arañas tienen un aspecto y hábitos de conducta que despiertan curiosidad en algunos, y cierta repulsión en no pocos, que en casos extremos puede tomar la infrecuente modalidad patológica de aracnofobia.

Las arañas han encendido la imaginación de artistas antiguos y modernos, desde los aborígenes australianos que las representaron en pinturas rupestres, hasta Louise Bourgeois (1911-2010), para quien fueron modelo de múltiples versiones de su escultura Maman (figura 1). Han atizado la fantasía popular con personajes como el hombre araña, y han sido tema de por lo menos una treintena de sellos postales de diversos países.

Un número no muy grande de las más de cuarenta mil especies de arañas que se conocen ha pasado a integrar la actual constelación de mascotas exóticas, y sus integrantes son buscados con insistencia por personas para quienes esos animalitos generan más atracción que rechazo. Por lo común esas mascotas pertenecen al grupo que trata esta nota, las arañas migalomorfas, varios de cuyos miembros se destacan por llevar nombres tan conocidos como tarántulas o arañas pollito.

 

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Pág. 36-43