Volumen 19 - Nº 112
Agosto-Septiembre 2009


Cartas de lectores

 

Desde la Quebrada de Humahuaca

Excelente el número 110 de Ciencia Hoy, dedicado a la astronomía, excepto por algunos detalles que me permito indicar como simple maestra jubilada aficionada al tema. El monolito de Huacalera se construyó con el solo objeto de señalar materialmente el paso de una línea imaginaria, el popular pero no siempre bien entendido trópico de Capricornio. Si bien su autor eligió darle la forma de un reloj solar, no fue su objetivo que indicara la hora, según es la convicción por acá.

En la figura 3 de la página 19, la iluminación que el dibujante dio a las pirámides es irreal, pues si el sol ilumina a pleno desde el sur, la pirámide debería proyectar una larga sombra en dirección al norte. Lo correcto hubiese sido dibujar la luz incidiendo desde el este o el oeste, con su respectiva sombra en el mismo sentido, según se tratara del amanecer o del ocaso. Y si el dibujante hubiera imaginado el sol en el cenit, las cuatro caras de las pirámides se verían igualmente iluminadas, sin proyectar sombras.

 

Leonor A Picchetti
Maimará, Jujuy

Acerca del monolito de Huacalera, el autor de la nota desconocía las intenciones del proyectista del monumento, pero si este eligió la forma de un reloj solar, se puede perdonar a aquel que lo haya tomado por tal y observado que no está bien orientado para cumplir con esa función. Sin duda es una lástima, porque casi sin trabajo o costo adicionales hubiera podido construir un notable reloj de sol.

Las pirámides de Guiza están a unos 30 grados de latitud norte, por lo que sol nunca está en el cenit allí y, al hacer su recorrido diario, se inclina hacia el sur, punto en el que se encuentra todos los mediodías solares (en vez de hacerlo hacia el norte y encontrarse allí a mediodía, como sucede en nuestro hemisferio austral). La figura 3 es solo un esquema, no una representación realista ni una fotografía, y no indica la situación solar en un momento determinado del día. Por ello no tiene sombras dibujadas sino tan solo una variación de tonalidades para marcar el volumen de pirámides representadas desde arriba (o en planta).

 

La gripe porcina

A propósito del excelente artículo sobre la gripe porcina de José Luis Affranchino, aparecido en el número anterior de Ciencia Hoy, permítanme hacer algunos comentarios desde México, donde la enfermedad fue detectada clínicamente en Perote, un pueblito remoto de Veracruz, por un lucido médico de pueblo que advirtió síntomas inusuales en algunos de sus pacientes engripados. Analizadas muestras de esos enfermos, se constató que, efectivamente, no padecían de la gripe estacional habitual sino la porcina. Como por desgracia en México impera bastante analfabetismo científico y sus excelentes virólogos no están adecuadamente equipados ni disponen de suficientes medios, el país dependió del primer mundo para secuenciar las moléculas del virus y establecer que se trataba de una cepa porcina.

Luego intervino la política. Como se aproximaban elecciones, el presidente de la República se puso gallardamente al frente de la lucha contra la epidemia, confiado en que sería derrotada. Pero el resultado fue, por un lado, que hoy predomina la opinión de que exageró para agigantar sus logros: se suspendieron partidos de fútbol, se cerraron cines, teatros y restaurantes, se suspendieron las clases en escuelas, colegios y universidades, y todo el mundo andaba con tapabocas, cosa que espantó al turismo y causó un efecto terrible sobre la economía. Por otro lado, el país se ofendió con la Argentina y con China, donde se prohibió la entrada de aviones provenientes de México, al punto que hubo periodistas de la televisión que derramaron lágrimas de indignación por esas prohibiciones. Aparecieron en los periódicos, sin embargo, cartas de lectores sensatos opinando que ambos países habían procedido de manera coherente con las medidas tomadas en México, y que trataban de evitar no la llegada de mexicanos sino de virus. Sea como fuere, lo importante es que se paró la epidemia.

Entiendo que en la Argentina sucedió lo inverso: ante la inminencia de elecciones, se minimizó o ignoró la alarma. Un mismo virus, dos países, la misma motivación política y dos estrategias distintas. El público podrá juzgar.

 

Marcelino Cereijido
CINVESTAV, México

 

 

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