Volumen 17 - Nº 101
Octubre - Noviembre 2007

Si fuera posible hablar de rasgos definitorios de la política argentina de los últimos cincuenta años, podría señalarse la primacía de enfoques pragmáticos en la conformación de conglomerados políticos con afinidades transitorias y el correlato de una lógica de acumulación espontánea de poder que no contempla el consenso. Este juego de fuerzas nunca consensuadas, siempre centrífugas, que incluyó feroces dictaduras, incidió sobre la dinámica de las instituciones locales en la forma de distorsiones, desajustes y desviaciones de los objetivos originales.

Si bien con trayectorias heterogéneas, la historia de las instituciones dedicadas a la investigación, desarrollo y transferencia de tecnología en la Argentina confirma este diagnóstico. Así, la razón formal que motiva este artículo, los 50 años del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), es una oportunidad para repasar una trayectoria institucional de notable complejidad que, en buena medida, se explica por la transitoriedad de las políticas económicas y, en especial, por la ausencia de políticas industriales que asignaran un papel relevante a las actividades de investigación y desarrollo para este sector.

 

Creación del INTI

A fines de la Segunda Guerra Mundial la tecnología pasó a ser un factor económico clave en los países avanzados. Los laboratorios estatales, como el LEMIT (Laboratorio de Ensayo de Materiales y de Investigaciones Tecnológicas) de la provincia de Buenos Aires o el laboratorio de Yacimientos Petrolíferos Fiscales en Florencio Varela, comenzaron a mostrarse deficientes frente a un panorama internacional que se aceleraba.

 

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