Volumen 17 - Nº 99
Junio - Julio 2007

 

 

Los microorganismos sicrófilos en los ambientes antárticos presentan estrategias de adaptación al frío que resultan interesantes por su aplicación en la industria biotecnológica. La actividad científica se conjuga con un importante despliegue logístico y el conocimiento para manejarse en un ambiente tan agresivo se torna de vital importancia.

 

Los seres humanos estamos asistiendo a la búsqueda de rastros de vida en otros cuerpos del sistema solar, donde los científicos suponen que en algún momento de su historia existieron masas de agua líquida. Esto habría permitido el origen y la evolución de formas de vida sustentadas en principios similares a las conocidas en la Tierra. Uno imagina que en Marte, así como en el resto de los planetas y satélites de nuestro sistema solar, la vida que hipotéticamente pudiera haber surgido debería estar adaptada a condiciones ambientales extremas desde nuestro ‘humano punto de vista’: temperaturas por debajo del punto de congelamiento del agua (o por el contrario enormemente elevadas), altas presiones, medios extremadamente ácidos o alcalinos, salinidad muy alta, importantes niveles de radiación, etc.



Figura 1. Diferentes condiciones ambientales ‘extremas’ y grupos de organismos adaptados a ellas (extremófilos).

No son necesarios viajes espaciales para encontrar este tipo de organismos ‘extremófilos’ porque en nuestro planeta también existen ambientes naturales donde crecen y se reproducen microorganismos adaptados a condiciones extremas. De todos modos, tildar de extremo a un medio ambiente peca de antropocéntrico, ya que para una bacteria adaptada a desarrollarse a 110°C la visión de ambiente extremo seguramente sería muy distinta. Consideremos que no podría sobrevivir muchos minutos en una playa del Caribe a 30°C .

Actualmente, se definen diferentes grupos de organismos extremófilos de acuerdo con las condiciones ambientales en las que se desarrollan preferentemente (figura 1). La mayor parte de estos pertenecen a bajos niveles de organización, siendo la gran mayoría de estructura celular procarionte, esto es, miembros de los actuales dominios Archaea y Bacteria (ver recuadro ‘Los dominios de la vida’). Dentro de este variado mundo de los microorganismos extremófilos, los sicrófilos son uno de los grupos que ha centrado más la atención de los investigadores en los últimos años. Estos se clasifican en dos grandes grupos de acuerdo con el grado de adaptación a las bajas temperaturas: a) sicrófilos estrictos u obligados (aquellos que pueden crecer a 0°C, presentan una velocidad de crecimiento óptima a menos de 15°C y no pueden crecer a temperaturas mayores de 20°C) y b) sicrófilos facultativos o sicrotolerantes (microorganismos que pueden crecer a 0°C pero que presentan temperaturas óptimas superiores a los 15°C). A diferencia de otros grupos de extremófilos, cuyos integrantes se encuentran confinados en uno o pocos grupos taxonómicos, los microorganismos sicrófilos pueden encontrarse dentro de casi todos los taxones microbianos y si bien algunos géneros son exclusivos de zonas polares otros pertenecen a grupos con una gran representación en diversos ambientes, muchos de ellos con temperaturas que están lejos de las registradas en los polos.

 

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