Volumen 17 - Nº 98
Abril - Mayo 2007

En marzo de 1996 se produjo en Gran Bretaña un brote del mal de la vaca loca –o encefalopatía espongiforme bovina (EEB)– por el que resultaron infectados varios miles de animales. Ello originó una alarma generalizada en la población, ya que dicha enfermedad, producida por una proteína infecciosa llamada prión, que ataca el cerebro de los vacunos, tiene en el hombre su equivalente fatal en la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob. El tema fue tratado en dos artículos de Ciencia Hoy aparecidos ese año: ‘El prión: un agente infeccioso no convencional’, número 32:43-51, y ‘Priones y vacas locas’, número 34:9-13.

Los bovinos británicos se infectaron porque fueron alimentados con harina de hueso y suplementos proteicos que contenían cerebros molidos de oveja. En las ovejas y cabras tiene carácter endémico en ese país otra encefalopatía espongiforme, llamada scrapie, de la que no había evidencia de contagio a las personas y que, se creía, tampoco se transmitía a otras especies animales. Sin embargo, los casos de mal de la vaca loca de 1996 llevaron a la convicción de que se había producido el pasaje de la enfermedad de ovinos a vacunos, o de una especie animal a otra, y esto preocupó a los investigadores, sobre todo porque, por los mismos años, había aumentado el número de tamberos que murieron a causa de la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob. La conclusión fue que los priones infecciosos podrían pasar de la hacienda vacuna a los seres humanos, algo que con el tiempo se confirmó.

Una vez conocidos los contagios de la enfermedad neurodegenerativa de ovinos a vacunos, es decir, a través de las barreras que separan las especies, las legislaciones de la Unión Europea y de los Estados Unidos prohibieron el uso de proteínas derivadas de tejidos de rumiantes para alimentar animales de consumo humano. Además, se intensificaron las inspecciones tendientes a controlar los componentes utilizados en la elaboración de alimentos balanceados para rumiantes, con el fin de detectar la presencia de materias primas procedentes de animales prohibidos (entre los que se encuentran bovinos, ovejas, cabras, ciervos y alces), de suerte de prevenir la propagación de la EEB.

 

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Pág. 51-57