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Volumen 16 - Nº 96 Diciembre 2006 Enero 2007 |

Especialistas argentinos de las respectivas disciplinas explican los aportes realizados por los ganadores de los Nobel de este año. Por su cercanía temática, los galardonados en medicina y química se tratan juntos. Fueron premiados este año por contribuciones de otro tipo que las científicas el escritor turco Orhan Pamuk, en literatura, y el banco Grameen, junto con su fundador, Muhammad Yunus, que recibieron el premio de la paz.
El ‘dogma’ central de la biología molecular, mejor llamado flujo de información genética, establece que la información fluye unidireccionalmente según el siguiente esquema: DNA——RNA——Proteína. Los hallazgos de los premios Nobel de Química y de Fisiología o Medicina de 2006 ahondan en los mecanismos básicos de la expresión de los genes a través del flujo de información. Para poder entenderlos quizás valga la pena mencionar que la biología molecular es una disciplina científica de metáforas preponderantemente visuales. Es muy difícil transmitir conceptos fundamentales de biología molecular sin recurrir a imágenes, dibujos o animaciones y es común ver a los biólogos moleculares frente al pizarrón o a una hoja de papel dibujando entusiasmados globos de colores y flechas que los relacionan para describir sus resultados. Por consiguiente, invito al lector a que, antes de abandonar este texto por aburrimiento o desazón, intente seguirlo ayudado por las figuras que lo acompañan.
El DNA (ácido desoxirribonucleico) es la sustancia química portadora de la información genética. En las células eucariotas (las de todos los seres vivos menos las bacterias), el DNA se encuentra en el núcleo, asociado a proteínas llamadas histonas, constituyendo una complejo llamado cromatina (figura 1). La cromatina está estructurada como un collar de cuentas donde la larga molécula de DNA de cada cromosoma se enrolla periódicamente alrededor de agrupamientos de histonas llamados nucleosomas. Cada porción de DNA que codifica (da la orden) para formar una proteína se llama gen. Para que esa orden se cumpla el gen debe primero copiarse a una molécula de RNA (ácido ribonucleico) llamada mensajero (RNAm). La fabricación del RNAm se llama transcripción. Esta tarea es llevada a cabo por una enzima, la RNA polimerasa II (pol II), que es reclutada a una región del gen, denominada promotor, que precede al sitio donde el gen comenzará a ser copiado. La pol II copia toda la información de una de las hebras del gen, fabricando un RNA complementario1 a ella. Esta molécula de RNA en realidad todavía no es el mensajero maduro sino su precursor. El precursor es más largo que el mensajero porque posee segmentos denominados exones, intercalados por otros segmentos llamados intrones. La maduración del precursor ocurre por un complejo mecanismo bioquímico, conocido como ‘splicing’ o ‘corte y empalme’, que escinde los intrones y une fuertemente (covalentemente) los exones entre sí. De esta manera, el RNAm maduro, formado solo por exones, sale del núcleo, se dirige al citoplasma y allí es enhebrado por partículas enzimáticas llamadas ribosomas que fabrican la proteína correspondiente. Lo más interesante es que el proceso de transcripción está altamente regulado y es llevado a cabo por una serie de proteínas ya fabricadas por la célula que reconocen al gen, modifican la cromatina y lo copian. Esto es muy importante porque de los 25.000 genes que tiene cada célula humana, por ejemplo, no todos se transcriben al mismo momento y en el mismo tipo celular. Esta regulación diferencial de la transcripción es la etapa principal en la regulación de la expresión genética y es lo que hace que las células se diferencien para cumplir distintas funciones dentro del organismo.
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