Volumen 16 - Nº 95
Octubre-Noviembre 2006


El extravagante Sr. Burton entrando a La Meca. Brillante lingüista, Burton llegó a dominar más de treinta idiomas, incluyendo el arábigo y el hindustani, y tradujo Las mil y una noches y otros textos eróticos de India (Fuente: New Horizons, 1991).

Hasta finales del siglo XVIII, las exploraciones europeas eran programas navales. Las expediciones, financiadas oficialmente, fueron la punta de lanza de un proyecto de dominación colonial. Los interrogantes geográficos giraron en torno a la Terra Incognita del hemisferio sur y a potenciales asentamientos. El liderazgo de Gran Bretaña y su Armada Real eran incuestionables y, con raras excepciones, sus empresas las únicas capaces de realizar los complejos e imprescindibles viajes de circunnavegación.

Para 1780, la muerte del capitán Cook coincidía con un conocimiento relativamente preciso de los contornos de cada continente y de las siluetas de las islas del Pacífico. Desde entonces, el gobierno británico dejó de solventar los viajes de exploración, y Francia, el otro poder marítimo, concentró sus energías en un extraordinario proceso revolucionario.

Sin embargo, el gusto por la exploración no se detuvo. El llamado a la aventura científica convocó a un nutrido contingente de particulares que, lejos de cualquier interés burocrático, mapearon a su manera las geografías aún desconocidas del planeta. Del mar se pasó al interior de los continentes. El Amazonas, la India y Australia fueron desde entonces visitados por intrépidos y ambiciosos europeos. Pero fue África el destino que despertaba la mayor atención. Cercana, amenazante, prehistórica, nómade, caníbal, malárica: los orígenes de la especie y la mejor presa del nuevo colonialismo.

Un playboy convertido en genial botánico, Joseph Banks (compañero inseparable de Cook), había formado en 1788 la African Association para el estímulo de la exploración del ‘Continente Oscuro’. La cartografía y el racialismo habían acuñado esta denominación. Al sur de El Cairo y al norte de Ciudad del Cabo todo mapa se coloreaba con un intenso gris-negro que indicaba aquellas incertidumbres geográficas de la época.

Comisionada por la Asociación, una primera expedición comandada por John Ledyard terminó antes de comenzar con su misterioso fallecimiento en Egipto. Como natural resultado, el desafío elevó el interés y los honorarios requeridos para cualquier viaje africano. Por entonces, la London Geographical Society, luego convertida en Royal Geographical Society, absorbió la African Association, y los botánicos se transformaron en los pivotes de la nueva generación de exploradores. Para 1850 esta tendencia ya estaba consolidada, y en la marquesina de los expedicionarios surgía una figura estelar: el Dr. David Livingstone. Él sería el encargado de descifrar parte importante del enigma por excelencia del África profunda. Hablamos, obviamente, de las nacientes del Nilo.

 

IndiceInicioSiguiente
Pág. 40/47