Volumen 16 - Nº 94
Agosto-Setiembre 2006

La gran tradición

En 1948 FR Leavis, el crítico literario de Cambridge que en gran medida orientó el mundo de las letras británico de mediados del siglo XX, publicó The Great Tradition [La gran tradición] (Londres: Chatto & Windus), basado sobre sus ensayos en la famosa revista de crítica literaria Scrutiny, fundada y editada por él entre 1932 y 1953. En ese libro fundamental Leavis formula un Parnaso mínimo y riguroso de la prosa inglesa: Jane Austen, George Eliot, Henry James, Joseph Conrad y DH Lawrence. En opinión de Leavis, estos autores se distinguen no solo por haber escrito gran literatura, sino por ‘su vital capacidad de experiencia, una suerte de reverente apertura ante la vida, y una marcada intensidad moral’. Leavis formuló un canon espartano, fiel a un ideal no ajeno a lo que se denomina, sin mayor precisión, ética puritana. Al igual que la gran tradición de la novela inglesa, creo que la de la investigación biomédica argentina también puede ser sintetizada en cinco nombres: Houssay, Braun Menéndez, Leloir, De Robertis y Milstein. Un coro de disidencias y enérgicas protestas se levantará ante esta lista, que excluye a muchos importantes investigadores e investigadoras. Hay casos en los que es muy difícil tomar decisiones, pero, tal como lo señala Leavis, llega un momento en que parece necesario discriminar cuáles fueron los constructores de la tradición. Leavis decidió dejar de lado a autores como Fielding, Swift, Scott, Hardy, Thackeray, Joyce y admitió solo oblicuamente a Dickens por su Hard Times [Tiempos difíciles]. También nosotros dejamos de lado a muchos nombres significativos. Además, omitimos de modo consciente toda referencia a personas vivas, pues al buscar identificar a los constructores de una ‘tradición’, la dimensión del tiempo es imprescindible.

El criterio que me guió para establecer la lista de aquellos que constituyen nuestra ‘gran tradición’ biomédica fue el que debe ser posible transmitir a una persona no especialista en pocas palabras y concretamente cuál fue la contribución del investigador. Los títulos de las secciones de esta nota son precisamente eso: lo que cada uno de ellos logró. Quizás el nombre más discutido sea el de Braun, pues la fundamental contribución de la dilucidación del sistema renina-angiotensina fue llevada a cabo por varios investigadores. Nuestra elección, en este caso, tuvo en cuenta un segundo criterio. Los cuatro primeros investigadores establecieron la columna vertebral institucional del sistema científico argentino, creando escuelas, algo muy diferente de la denominada ‘formación de recursos humanos’, expresión contable del campo de la economía y la producción industrial, las que poco o nada tienen que ver con la investigación básica, cuya misión es descubrir los secretos de la naturaleza. Houssay, Leloir y Braun constituyen una secuencia ‘genealógica’. De Robertis no perteneció a esta línea y, podríamos decir, ‘se hizo a sí mismo’. Milstein marcó el ocaso de esta brillante cadena, pues desarrolló en el exterior el trabajo que lo llevó a la fama. Cuatro de ellos fueron egresados de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (de hecho, Houssay, Leloir y Braun practicaron la medicina clínica) y Milstein escribió su primera tesis, en la Argentina, con Stoppani, en la misma Facultad de Medicina. Tres de los nombrados ganaron el Nobel. Los trabajos sobre el mecanismo de hipertensión constituyen un caso similar al de Borges: habiéndolo merecido, no lo lograron. Nada en la Argentina ni en Iberoamérica (España incluida, por supuesto) se aproxima a esta historia de inteligencia, de coraje moral, de gloria injustamente olvidada.

Indice Inicio Siguiente
Pág. 8/19