Volumen 16 - Nº 94
Agosto-Setiembre 2006

El instituto de Bioquímica de Cambridge

El Dunn Institute of Biochemistry de la Universidad de Cambridge, que abrió sus puertas en 1925 bajo la dirección de Frederick G Hopkins y fue construido y equipado con fondos del llamado 'legado Dunn' (165.000 libras esterlinas) adjudicados en 1920. Aquí trabajaron los cinco becarios argentinos.
Gentileza: Alejandro Paladini.

Contrariamente a lo que vulgarmente se supone, son por lo general los protagonistas de un episodio importante los que están en la peor situación para advertir los significados más interesantes de este. Pero esto no siempre es así. Una de estas excepciones es el episodio que nos concierne, ya que uno de sus principales protagonistas, Luis F Leloir, fue el único que, hasta donde sabemos, llamó la atención sobre el asunto explícitamente. En efecto, en un artículo biográfico sobre Malcolm Dixon (1899-1985) se menciona que Leloir destacó el fenómeno de la brillante cohorte de becarios argentinos supervisados por el bioquímico inglés en Cambridge y puso de relieve la importancia que esto tuvo para la bioquímica en la Argentina.

Las disciplinas científicas tienen una historia: nacen, se desarrollan, se cruzan, se fusionan y, en la mayor parte de los casos, desaparecen o se transmutan. Como todas las historias, las de las disciplinas científicas están asociadas a lugares, personas y procesos concretos. Si renunciamos a la tentación (a la que a menudo sucumben los practicantes de cada rama de la ciencia) de imaginar un antepasado remoto y, en consecuencia, ‘prestigioso’ para la bioquímica, es posible aceptar la más sobria y real visión de que esta disciplina surgió durante la segunda mitad del siglo XIX. Pero como tal, como profesión, la ‘bioquímica’ propiamente dicha se consolidó durante la primera década del siglo XX. Fue en esos años, entre 1900 y 1905, cuando se comenzó a usar esta palabra para designar a una red de científicos con intereses, publicaciones, circuitos de comunicación y métodos más o menos comunes y, en todo caso, identificables como pertenecientes a una comunidad definida, la de los bioquímicos. Los historiadores de la ciencia y bioquímicos especializados en este tema –como Kohler y Fruton, por nombrar los más reconocidos– coinciden en señalar que la cristalización de la bioquímica estuvo asociada al reconocimiento de la naturaleza y función de las enzimas intracelulares. ‘La teoría enzimática, afirma Kohler, fue el sello distintivo de la nueva bioquímica’.

 

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