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Volumen 16 - Nº 93 Junio-Julio 2006 |
Las pandemias del siglo XX
Sin embargo, las bases moleculares que determinan la habilidad de un virus para propagarse fácilmente en un rango de hospedadores y su capacidad de producirle una enfermedad o patología, no están totalmente resueltas aún. En realidad, decir ‘el virus mata’ es una expresión ya que ante la infección viral se desencadena una serie de respuestas inflamatorias que contribuyen a la patología y pueden ocasionar la muerte. Aun así, el virus mata las células donde replica (en este caso las del árbol respiratorio) y, según lo que inocule a estas y la posibilidad de respuesta del huésped, esto también puede conducir a una disfunción extrema que ocasione la muerte. El virus influenza A (H1N1) del 18 fue altamente patógeno y los infectados morían rápidamente (entre 24 a 72 horas) de una neumonía viral, es decir, por acción directa del virus y no por otras causas, de ahí la expresión utilizada. Es altamente probable que este virus haya sido de origen aviar pero sus precursores se desconocen aún. En 1957, surgió un nuevo virus A (H2N2) por reasociación genética entre los virus humanos circulantes y los aviares y se constituyó en el virus de la ‘gripe asiática’ que reemplazó a su antecesor, el H1N1. Si bien tuvo un importante impacto en la salud pública, fue mucho menor que el de 1918 y similar al de la pandemia de virus de Hong Kong de 1968 mediante la cual se introdujeron en la población humana los virus A (H3N2) originados por una nueva reasociación de genes de virus humanos y aviares. Por último, hubo una reintroducción de virus H1N1 en 1977 similares a los de 1918 aunque con algunas mutaciones; no se descarta un accidente de laboratorio para explicar este hecho. Hay evidencias de que los virus de 1957 y 1968 se originaron en China así como que algunas variantes antigénicas circulan en China dos años antes que en Europa y Norteamérica. Se piensa que aquella región provee un nicho ecológico apropiado para la emergencia de nuevos virus de influenza con potencial pandémico debido a la proximidad en que conviven poblaciones humanas de alta densidad, cerdos y aves domésticas y silvestres, lo que facilita la reasociación genética de virus de diferentes especies y también la aparición de nuevas variantes antigénicas. Sus prácticas tradicionales de crianza de animales junto con una gran incidencia de hogares que poseen aves de traspatio en zonas rurales y la circulación de influenza durante todo el año, facilitan estos hechos.
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