Volumen 16 - Nº 92
Abril-Mayo 2006
Imágenes del cerebro en acción

El estudio de las funciones cerebrales humanas dependió durante mucho tiempo de las mediciones y observaciones en animales, ya que la invariable necesidad de usar herramientas invasivas hacía a las investigaciones en seres humanos peligrosas y contrarias a la ética. A pesar del conocimiento obtenido con las experiencias en animales, trasladar al hombre las inferencias así obtenidas exigió siempre mucho cuidado.

Debido a estas dificultades, el estudio de las funciones cerebrales llamadas superiores –pensamiento, lenguaje, planeamiento, localización espacial, etc.– se restringió por mucho tiempo a observaciones en pacientes víctimas de accidentes, infartos cerebrales u otras enfermedades que destruían parcialmente el cerebro. Las lesiones llevaban a la pérdida total o parcial de alguna función, revelando así qué parte del cerebro era responsable de ella.

Actualmente, el desarrollo de técnicas de imágenes médicas, tales como la tomografía computada (TC) y la resonancia magnética (RM), hizo posible observar sin riesgos detalles anatómicos del cerebro humano, elevando la imagen estructural a niveles nunca antes soñados. Estos métodos permiten estudiar estructuras con pocos milímetros de tamaño y acompañar diferentes etapas de maduración normal del cerebro después del nacimiento, tales como la mielinización (formación de mielina, proteína que recubre las prolongaciones de las neuronas) en el primer año de vida.

Sin embargo, no siempre es posible el estudio de las funciones cerebrales mediante un simple análisis estructural. Así es que surgieron las neuroimágenes funcionales, que procuran mostrar el cerebro en acción. Además de posibilitar el estudio de varios procesos cerebrales, el uso de neuroimágenes funcionales también es importante para el tratamiento de pacientes, en especial los que serán sometidos a cirugía.

 

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Pág. 34-41