Volumen 16 - Nº 92
Abril-Mayo 2006

Cartas de lectores

 

> Las fábricas de pastas de celulosa del río Uruguay


El editorial ‘Plantas industriales, opinión pública y sistema científico’, aparecido en el número anterior, ocasionó numerosas comunicaciones a la revista, de las que se sintetiza un par aquí. Unas semanas después de su publicación, la Universidad Nacional de San Martín avanzó por el camino que se señaló en el escrito, mediante un foro académico celebrado en el museo del Banco Provincia, en Buenos Aires, que abordó algunos de los temas comentados por Ciencia Hoy, además de otros que completaron el panorama. Llamó la atención, sin embargo, la escasez y poca calidad de la información a la que pudieron acceder los expositores, no mejor ni más abundante que la obtenida por los editores para redactar dicho editorial. Por ejemplo, los informes sobre los estudios de impacto ambiental manejados en ambas instancias carecieron de precisiones técnicas y metodológicas, aunque no estaba claro si se trataba de los documentos completos presentados por los autores de esos estudios (en cuyo caso se podría dudar del valor de estos), o de versiones de divulgación, en las que es perfectamente válido presentar las conclusiones pero no cómo se llegó a ellas (en cuyo caso se requeriría conocer los informes técnicos completos).

Por su lado, María Cristina Área, de la Universidad Nacional de Misiones, hizo llegar un conjunto de notas de divulgación sobre el tema que publicó en los últimos tiempos. Se podrán encontrar en las siguientes direcciones: http://www.riadicyp.org.ar, http://www.fceqyn.unam.edu.ar/icades/index.php, http://www.fceqyn.unam.edu.ar/recyt/, http://procyp.unam.edu.ar/,
http://mamcyp.unam.edu.ar
/.

Se aprovecha para aclarar que en el texto del editorial se deslizó un error en la traducción de elemental chlorine free bleaching (ECF), que apareció como ‘blanqueo elemental libre de cloro’, en vez del correcto ‘blanqueo libre de cloro elemental’. El procedimiento, en efecto, está libre del gas cloro (Cl2) o cloro elemental, pero dicho elemento continúa presente en ciertos compuestos, como dióxido de cloro o hipoclorito de sodio, lo que posibilita que se liberen al ambiente sustancias cloradas tóxicas.


En el caso de las ‘papeleras’, tengo la impresión de que los gobiernos minimizaron las primeras manifestaciones de rechazo de la población entrerriana, con lo que la cuestión rápidamente se polarizó y cualquiera que hoy se pronuncie será escuchado por muchos con esa actitud dicotómica que lleva a suponer que la gente está a favor o en contra. En ese sentido, es muy difícil que un análisis académico mueva a la reflexión.

Hace veinte años pasó algo parecido con la crotoxina. El país entero se movilizó a favor o en contra. Uno de las expresiones más representativas del clima de entonces fue la del propietario del canal 9 de televisión, Alejandro Romay, que dijo: El pueblo ya ha optado (en favor de la crotoxina). En aquel entonces la comunidad científica participó activamente, pero a mi modesto entender no logró echar adecuada luz sobre el tema. Además se terminaron mezclando cuestiones personales entre investigadores con explicaciones científicas. Luego de dos décadas, no estoy seguro, como creo que no lo está la mayoría de los argentinos, si la crotoxina tiene efectos curativos, si no cura pero alivia, o si, sencillamente, no sirve para nada.

Esteban M. Bello
Bariloche

En la guerra desatada contra la instalación de dos plantas de pulpa de celulosa que ya yerguen sus chimeneas sobre las costas del Uruguay, la preocupación de los pobladores de Gualeguaychú es comprensible: las plantas podrían afectar la industria turística. Después de la campaña realizada, seguramente lo harán. Pero el comportamiento de las autoridades provinciales y nacionales, ¿resulta de una sincera preocupación por la conservación de la naturaleza? Existen en la Argentina unas diez plantas de celulosa, de empresas como Celulosa Campana, Papelera del Plata, Wixel, Papel Prensa, Alto Paraná, Papel Misionero y otras. Celulosa Argentina destaca en su página web su fundación en 1929, cuando el concepto de contaminación ambiental era desconocido. Entre Ríos tiene en su territorio una fábrica (Iby) que produce 18.000 toneladas anuales de pasta celulósica. Es probable, entonces, que el gobierno esté actuando como defensor de la industria nacional, para evitarle a esta la competencia de los 1,5 millones de toneladas anuales de pulpa que volcarían las plantas uruguayas en el mercado. ¿Será la suya una política de promoción industrial?

El procedimiento Kraft, el más difundido y moderno de producción de papel, abarca dos etapas fundamentales: (a) la obtención de la pasta cruda de celulosa, de color marrón debido a la lignina, con la cual se fabrican papeles resistentes (corrugado, de embalaje, etc.), y (b) el blanqueado de esa pulpa para obtener papeles de impresión, entre ellos el de diario. En ambas etapas se utilizan productos químicos potencialmente contaminantes del ambiente. Para la fabricación de la pasta cruda, los chips de madera se cocinan con hidróxido de sodio (NaOH) y sulfuro de sodio (Na2S), lo que produce sustancias volátiles (es decir, que forman vapores fácilmente) con azufre, como sulfuro de hidrógeno (H2S). Este produce el olor a huevos podridos que se menciona siempre. En las fábricas modernas, esos vapores se recogen y queman, lo que elimina el olor. El NaOH se recupera y recicla.

Para la segunda etapa, en las plantas viejas, como las originarias argentinas, la destrucción de la lignina remanente se realizaba con cloro gaseoso (Cl2). Durante el proceso, átomos de cloro interactuaban con la materia orgánica presente en la pasta y daban lugar a una cantidad de compuestos clorados tóxicos, como las dioxinas. En los procesos actuales, en vez de cloro puro o elemental se emplea dióxido de cloro (ClO2), un gas que se produce en el lugar por reacción de ácido sulfúrico (H2SO4) con clorato de sodio (NaClO3). Tal procedimiento produce una cantidad mucho menor de organoclorados.

En Europa (en particular en Alemania) se está impulsando el blanqueo con oxígeno (O2), agua oxigenada (H2O2) y ozono (O3). Estos procedimientos hacen que la lignina resulte decolorada pero no destruida, y que el papel producido sea menos brillante, menos resistente y se ponga amarillo con el tiempo. Además, el O2 ataca la celulosa y disminuye el rendimiento del proceso, el agua oxigenada es costosa y el ozono es corrosivo y poco soluble en agua.

Mario R. Féliz
INIFTA, La Plata

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