Volumen 15 - Nº 89
Octubre-Noviembre 2005

El alto Paraná encajonado argentino-paraguayo

Estamos ante un libro llamado a ocupar un lugar relevante como obra de referencia, por lo innovador del contenido, la relevancia de los temas abordados e incluso por la elegante presentación (que incluye un amplio anexo cartográfico en CD).

Aborda el complejo tema de las formas de convivencia entre las actividades humanas y la naturaleza, a partir del análisis del uso del suelo en la periferia de las áreas naturales protegidas. Utilizando técnicas de análisis originadas en la Ecología Regional o del Paisaje, se brindan elementos a los especialistas en planificación regional, tales como métodos para la evaluación de la heterogeneidad territorial, criterios para comprender la complejidad de los patrones espaciales, y un conjunto de reflexiones para la gestión de territorios de alta complejidad.

En este trabajo se emplean las herramientas de la ecología del paisaje, para proveer la información básica para un diseño que minimice los conflictos entre uso de la tierra y conservación de la naturaleza. Pero para que esto sea posible, es necesario que la detección del patrón o configuración espacial del mosaico de usos de la tierra o ecosistemas naturales sea hecha con extremo rigor científico. Para ello los autores recurren a la identificación de 12 categorías de cobertura de la tierra y a partir de allí hacen un meticuloso análisis de la estructura del mosaico, utilizando 33 índices. En cada índice se describen sus características y los aportes que surgen de su aplicación. Esto a su vez lleva a una cuidadosa descripción e interpretación del patrón espacial, apoyadas por una excelente cartografía.

A partir de esta sólida base y de las numerosas interacciones detectadas, se resalta la necesidad de incorporar a la población colindante en el diseño y manejo de las áreas protegidas, ya que se considera que la diversidad de usos del suelo en esas áreas periféricas es por lo menos tan importante como la diversidad ambiental de las áreas protegidas. Los autores parten del hecho (muchas veces soslayado por los conservacionistas) de que las diversas actividades antrópicas son deseables, incluso imprescindibles (por ej. la electricidad), pero al mismo tiempo señalan lo fundamental que es contar con un monitoreo adecuado de los cambios que se producen, utilizando la percepción satelital y obviamente recogiendo los datos en el campo.

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