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Volumen 15 - Nº 89 Octubre-Noviembre 2005 |
Estamos ante un libro llamado a ocupar un lugar relevante como obra de
referencia, por lo innovador del contenido, la relevancia de los temas
abordados e incluso por la elegante presentación (que incluye un amplio
anexo cartográfico en CD). Aborda el complejo tema de las formas de convivencia entre las actividades
humanas y la naturaleza, a partir del análisis del uso del suelo en la
periferia de las áreas naturales protegidas. Utilizando técnicas de análisis
originadas en la Ecología Regional o del Paisaje, se brindan elementos
a los especialistas en planificación regional, tales como métodos para
la evaluación de la heterogeneidad territorial, criterios para comprender
la complejidad de los patrones espaciales, y un conjunto de reflexiones
para la gestión de territorios de alta complejidad. En este trabajo se emplean las herramientas de la ecología del paisaje,
para proveer la información básica para un diseño que minimice los conflictos
entre uso de la tierra y conservación de la naturaleza. Pero para que
esto sea posible, es necesario que la detección del patrón o configuración
espacial del mosaico de usos de la tierra o ecosistemas naturales sea
hecha con extremo rigor científico. Para ello los autores recurren a la
identificación de 12 categorías de cobertura de la tierra y a partir de
allí hacen un meticuloso análisis de la estructura del mosaico, utilizando
33 índices. En cada índice se describen sus características y los aportes
que surgen de su aplicación. Esto a su vez lleva a una cuidadosa descripción
e interpretación del patrón espacial, apoyadas por una excelente cartografía. A partir de esta sólida base y de las numerosas interacciones detectadas,
se resalta la necesidad de incorporar a la población colindante en el diseño
y manejo de las áreas protegidas, ya que se considera que la diversidad
de usos del suelo en esas áreas periféricas es por lo menos tan importante
como la diversidad ambiental de las áreas protegidas. Los autores parten
del hecho (muchas veces soslayado por los conservacionistas) de que las
diversas actividades antrópicas son deseables, incluso imprescindibles (por
ej. la electricidad), pero al mismo tiempo señalan lo fundamental que es
contar con un monitoreo adecuado de los cambios que se producen, utilizando
la percepción satelital y obviamente recogiendo los datos en el campo.