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Volumen 15 - Nº 89 Octubre-Noviembre 2005 |
Los organismos vivos necesitan recursos para desarrollarse y crecer; parte de estos son utilizados para la producción de metabolitos secundarios relacionados con las estrategias defensivas. Así, ciertas plantas pueden liberar sustancias químicas que afectan el crecimiento o la distribución de otros organismos vegetales; esta interacción recibe el nombre de alelopatía.
La influencia de unos vegetales sobre otros se conoce desde hace mucho tiempo. En el siglo III antes de Cristo, Theophrastus describió el efecto inhibitorio de malezas sobre la alfalfa. Dos siglos más tarde, Plinio precisó que el garbanzo, la cebada y la arveja amarga dañaban el suelo, y que árboles como el nogal y el pino afectaban negativamente a plantas y pastos vecinos. Tal como surge de sus escritos, Plinio atribuyó esos efectos a la liberación de compuestos por esas especies: ‘la naturaleza de algunas plantas, a pesar de no ser exactamente mortal es nociva debido a sus mezclas de fragancias o a sus jugos. Por ejemplo, el rábano y el laurel son dañinos para la vid; puede inferirse que la vid posee un sentido del olfato y es afectada por las fragancias en un grado prodigioso’. Plinio parece referirse a la capacidad autotóxica –o sea tóxica para la misma especie que la produce– cuando afirma que la mejor manera para matar al helecho es golpear el tallo donde están apareciendo los brotes, así ‘el jugo se desliza hacia abajo por el helecho y mata por sí mismo las raíces’.
A principios del siglo XIX, se hablaba de la ‘enfermedad del trébol’ para describir la dificultad de desarrollo de esta especie en suelos en los que había crecido año tras año, y se sugirió que el problema podía evitarse dejando pasar siete a ocho años entre los cultivos. En 1832, el botánico suizo AP de Candolle observó que ese problema, al que él denominó ‘enfermedad del suelo’, podía estar relacionado con los exudados de raíces de ciertos cultivos, y que la rotación de los mismos podría minimizar el problema. Finalmente, en 1988, RZ Yang y CS Tang publicaron una recopilación de más de doscientas especies de plantas usadas desde la antigüedad en China para controlar las pestes.
El término alelopatía comprende, de acuerdo con su primera definición, los efectos, sean ellos directos o indirectos, de los principios químicos provenientes de un organismo vegetal sobre otro; dichos efectos pueden ser tanto inhibitorios como estimuladores. Dentro de esa definición, enunciada en 1937 por el científico alemán H Molish, se incluyen todas las interacciones químicas que involucran algas, hongos y bacterias, así como plantas superiores. Esta descripción resulta muy adecuada, ya que muchas sustancias tóxicas para los vegetales provienen de la acción directa o indirecta de microorganismos.
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