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Volumen 15 - Nº 86 Abril-Mayo 2005 |
Los discos rígidos han dominado el mercado de almacenamiento de información digital en medios regrabables durante los últimos 50 años. Absolutamente todas las tecnologías alternativas han sucumbido a la notable capacidad de estos para reducir sus dimensiones y guardar cada vez más bits en menos espacio físico.
En el año 1898 Valdemar Poulsen, un empleado de la compañía de teléfonos de Copenhague, grabó una voz humana en el que fue el primer equipo de grabación magnética de la historia. Poulsen patentó su invento al que llamó ‘telegráfono’ convirtiéndolo en el primero de una larga serie de desarrollos tecnológicos. El telegráfono que se muestra en la figura 1 consistía en un micrófono que convertía el sonido en señales eléctricas. Estas señales alimentaban una bobina con núcleo de hierro que ‘grababa’ la variación de intensidad de campo magnético sobre un alambre de acero (una cuerda de piano) que se desplazaba respecto del electroimán. En el alambre quedaban registradas zonas de distinta magnetización que podían luego ser leídas con el mismo electroimán para reconvertirlas en señales eléctricas. Estas alimentaban un parlante que las transformaba en ondas de sonido. La grabación magnética más antigua que aún se conserva se realizó con el telegráfono de Poulsen y corresponde al emperador Franz Josef de Austria hablando en la exposición de París de 1900.
En 1935 las empresas alemanas AEG y BASF presentaron en la feria de Berlín el ‘magnetófono’. En este nuevo equipo el cable de acero había sido reemplazado por una cinta flexible de acetato de celulosa cubierta con una pintura de óxido férrico (Fe3O4). En 1956 IBM presentó su computadora RAMAC (del inglés Random Access Method of Accounting and Control –Método de conteo y control de acceso aleatorio–) que incluyó el primer disco rígido de la historia. El disco de la RAMAC estaba contenido en un gabinete del tamaño de un refrigerador y el motor que lo hacía funcionar tenía una potencia similar al de una pequeña mezcladora de cemento. El corazón del equipo eran 50 discos de aluminio cubiertos en ambas caras con una película de óxido de hierro. Cada disco tenía 60cm de diámetro y giraba a 1200rpm. La lectura y escritura se realizaba con un par de cabezas que se desplazaban verticalmente de un disco a otro con un control neumático, y desplazándose radialmente accedían a una posición dada dentro del disco seleccionado. La unidad tenía una capacidad total de cinco megabytes (5.000.000 de bytes), apenas suficiente hoy en día para guardar algunos segundos de música en formato MP3.
A pesar de que mucho ha cambiado en la industria informática desde la mitad del siglo pasado (recordar las válvulas, las memorias con núcleo de ferrita o las tarjetas perforadas que ya forman parte de los museos informáticos), el principio básico de funcionamiento de un disco magnético ha cambiado muy poco en los últimos 50 años. Es muy probable que un ingeniero que participó en el proyecto RAMAC en 1956 no tenga mayores problemas en comprender el funcionamiento de un disco moderno.
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