Volumen 15 - Nº 85
Febrero-Marzo 2005

Las legumbres (Leguminosae o Fabaceae) incluyen unas 18.000 especies distribuidas en aproximadamente 750 géneros entre las que se cuentan la soja, la alfalfa, el trébol y las que producen las arvejas o porotos. Las legumbres constituyen la fuente más importante de alimentos vegetales tanto para los seres humanos como para el ganado. Las legumbres además son esenciales para mantener el balance de nitrógeno del suelo debido a su capacidad de albergar bacterias que utilizan nitrógeno gaseoso que proporcionan a las plantas la fuente de este elemento sin consumir los compuestos nitrogenados presentes en el suelo.

La simbiosis

La simbiosis es una de las más importantes interacciones biológicas. Los organismos que participan en ella se benefician mutuamente en situaciones en las que ninguno de ellos podría realizar una función vital o sobrevivir aisladamente. Para que una simbiosis tenga lugar, dos o más organismos diferentes deben vivir en inmediata proximidad. Algunas simbiosis microbianas involucran solo a microorganismos, mientras que en otras existen asociaciones de microorganismos con insectos, plantas o animales superiores.

Un ejemplo de simbiosis es la fijación simbiótica de nitrógeno. En ella se establece una relación de este tipo entre bacterias heterótrofas (esto es, que dependen de un sustrato orgánico como principal fuente de carbono) de los géneros Rhizobium y Bradyrhizobium (denominados colectivamente rhizobios) y plantas leguminosas. Los microorganismos son albergados por raíces o tallos y así logran, mediante sistemas enzimáticos específicos, que el nitrógeno gaseoso (N2) que no es aprovechable por las plantas se transforme en amonio que puede ser utilizado por ellas. La asociación es mutuamente beneficiosa porque permite que las bacterias obtengan hidratos de carbono del vegetal mientras que este se beneficia incorporando nitrógeno del aire. Esto a su vez impide que el suelo pierda sustancias con nitrógeno.

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