Volumen 15 - Nº 85
Febrero-Marzo 2005


Figura 1. Reconstrucción artística del cráneo del hombre de Piltdown, con una base de huesos craneanos humanos y parte de una mandíbula de mono (las partes más oscuras).

Hace 50 años se develaba el fraude científico del hombre de Piltdown


El hombre de Piltdown:
un célebre fraude



Walter A Neves, Mark Hube

Laboratorio de Estudios Evolutivos Humanos, Departamento de Biología, Universidad de São Paulo

Desde principios del siglo XX, la búsqueda de fósiles de ancestros humanos ha movilizado a un sinnúmero de científicos. En los inicios de esta historia tuvo lugar un episodio en la Inglaterra victoriana con el anuncio de que se habían hallado en el país los huesos de un homínido que presentaba un gran neurocráneo, el hombre de Piltdown. Hace 50 años, sin embargo, se reconoció a partir de estudios más detallados que se trató de un fraude, hoy uno de los más famosos y escandalosos en la historia de la ciencia.

Cuando Raymond Dart (1893-1988) halló en 1924 el primer fósil de un australopiteco, la hoy consabida base de la evolución humana, el poco conocido médico australiano radicado en Sudáfrica tropezó con enormes dificultades para convencer a la comunidad de antropólogos de la época de que el cráneo infantil encontrado cerca de la población de Taung pertenecía en realidad a un homínido y no a un gran primate. La evidencia recién sería aceptada a fines de los años 40 e inicios de los 50. El obstáculo principal para esa confirmación, así como también la de otros fósiles de homínidos hallados en África en las primeras cuatro décadas del siglo XX, tenía un nombre: ¡el hombre de Piltdown!

Ese nombre había sido adjudicado a un conjunto de huesos fósiles (fragmentos de un cráneo y parte de una mandíbula) supuestamente hallados entre 1908 y 1911 cerca de Piltdown, en East Sussex, al sur de Inglaterra, por el geólogo aficionado y abogado Charles Dawson (1864-1916). Los responsables del montaje de ese conjunto anunciaron haber descubierto un ancestro humano al que bautizaron como Eoanthropus dawsoni. Esos huesos estaban destinados a dejar una marca indeleble en la historia de la paleoantropología y en la misma comunidad científica británica que, en pleno auge del victorianismo, dominaba el estudio de la evolución humana en Europa.

La farsa de Piltdown recién fue denunciada públicamente y reconocida por todos a partir de los artículos científicos publicados a fines de 1953 e inicios de 1954. Anteriormente, casi no se dudaba de la antigüedad pleistocénica de los huesos, ya que habían sido ‘hallados’ asociados a una serie de animales extintos en Inglaterra. Pero algunos detalles incómodos a los ojos de cualquier antropólogo llamaron la atención de la comunidad científica desde el principio, en especial de la norteamericana. Algunas cosas no encajaban... ¿Cómo podía una mandíbula tan simiesca estar asociada a un enorme cerebro de 1100cm3?

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