Volumen 15 - Nº 85
Febrero-Marzo 2005

Hace unos doscientos años, la química comenzó a diferenciarse como área de la ciencia dotada de reglas y procedimientos definidos. En esa época la investigación estaba principalmente relacionada con la producción y caracterización de nuevos compuestos, lo que constituyó el comienzo de las modernas química inorgánica y orgánica. Ello estuvo acompañado por mediciones analíticas de pureza y composición. Si bien inicialmente la química orgánica se vio restringida por la falta de comprensión de las estructuras de sus materiales, el descubrimiento de la propiedad de enlace tetraédrico del carbono generó un gran progreso en el área. En realidad, es justo afirmar que la síntesis de materiales que contuviesen carbono dominó los años iniciales de la química. Tal investigación fue realizada principalmente por académicos de universidades alemanas.

Solo a fines del siglo xix comenzaron a aparecer teorías exitosas y mediciones de estructuras y afinidades químicas, lo que dio pie a una investigación que, con el tiempo, se convirtió en la fisicoquímica. Durante este período se generalizó la publicación de resultados en revistas especializadas. El arbitraje de los artículos antes de su publicación permitió una validación importante de los hallazgos. Como esas revistas estaban (y están) abundantemente disponibles, la química se convirtió en una empresa internacional de amplias consecuencias para la fabricación de nuevos productos y para una mayor comprensión de las bases moleculares de los materiales. Una característica importante de este progreso es que, a medida que la investigación química se hizo más compleja, el costo del instrumental necesario para continuar su avance aumentó con rapidez. De hecho, hoy se necesita considerable esfuerzo para financiar la adquisición de instrumentos, algo que ocasiona muchos de los problemas que enfrenta la investigación científica en los países en desarrollo de todo el mundo.

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