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Volumen 14 - Nº 81 Junio - Julio 2004 |
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Desde hace tiempo se ha intentado obtener fragmentos de los anticuerpos, que retengan su actividad y que sean lo más pequeños posible. Esto es de suma importancia para el diagnóstico y terapia de diferentes enfermedades, ya que moléculas de menor tamaño que los anticuerpos enteros permitirían alcanzar lugares dentro del organismo donde un anticuerpo convencional no puede llegar.
![]() Figura 1. Estructura de una inmunoglobulina. Se representan las cadenas pesadas (H) en azul, y las livianas (L) en verde, mientras que los enlaces disulfuro se muestran en negro. |
Las inmunoglobulinas son glicoproteínas –o sea proteínas unidas a azúcares– que se encuentran presentes en todos los vertebrados. Denominamos anticuerpos a aquellas inmunoglobulinas que pueden reconocer y unirse a sustancias extrañas al organismo, potencialmente dañinas –tales como los virus y las toxinas bacterianas– que en su conjunto constituyen los antígenos (véase `La respuesta inmune`, Ciencia Hoy 36:22-33, 1996). Recordemos que, por ejemplo, las vacunas se basan en la inducción de la síntesis de anticuerpos por la inoculación de antígenos conocidos.
Las inmunoglobulinas de las especies
estudiadas hasta el momento se encuentran formadas por cuatro cadenas polipeptídicas
–es decir formadas por la unión secuencial de aminoácidos–, dos de las cuales
se consideran las cadenas pesadas (H) porque tienen un peso molecular de
55.000 dalton y dos cadenas livianas (L), cuyo peso molecular es 25.000
dalton. Las cadenas H se encuentran organizadas en cuatro dominios llamados VH,
CH1, CH2 y CH3 (C por constante y V por variables)
y las L en dos, VL y CL. Las cadenas se encuentran unidas entre sí por enlaces
disulfuro (véase la figura 1). Los dominios variables de ambas cadenas son los
que interactúan con el antígeno, mientras que el extremo constante de la cadena
pesada es imprescindible para desencadenar procesos de suma importancia en la
defensa frente a agentes extraños.
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