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Volumen 14 - Nº
80
Abril - Mayo 2004 |
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Las propiedades físicas y químicas del agua han sido estudiadas con tal detalle que sin duda el agua es el compuesto químico mejor conocido, tanto por la cantidad como por la calidad de la información que se posee acerca de él. Sin embargo, periódicamente las revistas científicas publican artículos en los que se describen comportamientos del líquido agua y de sus soluciones que no se conocían ni se sospechaban. Habida cuenta de la importancia del agua, frecuentemente estos hallazgos han sido divulgados también por la prensa no especializada y se han presentado a numerosas especulaciones.
El agua nos depara sorpresas, pero ¿cómo nos puede sorprender siendo una molécula tan simple? ¿Qué misterio encierra aún el agua? Por un lado su molécula es muy simple, está formada por tres átomos –dos átomos de hidrógeno, el elemento más abundante en el universo, y uno de oxígeno, el elemento más abundante en la corteza terrestre. Por otra parte el agua es uno de los pocos líquidos que son más densos que el sólido correspondiente (el hielo flota sobre el agua), lo que demuestra que la sustancia formada por las moléculas de H2O es engañosamente simple. Además es una sustancia tan fundamental para la vida y para todas las actividades que emprendemos los humanos, que cualquier novedad sobre ella tiene gran repercusión. Conviene recordar que en la actualidad se aguarda con ansiedad la confirmación de la existencia de agua en Marte, puesto que será una evidencia fuerte de que hay o hubo vida en el planeta rojo. Entonces, ¿quedan todavía cuestiones pendientes que deban explicarse?
En 1969 se describió la existencia de agua polimerizada que poseía propiedades muy extrañas: hervía a más de 400°C, tenía una gran viscosidad y presentaba un tipo de unión entre las moléculas individuales de H2O (uniones hidrógeno) que no era la conocida. Se la denominó poliagua. Llevó varios años, muchos esfuerzos y frecuentes notas de un tenor no acostumbrado en la literatura científica, concluir que en realidad ese hallazgo no era más que el resultado de trabajo poco cuidadoso, seguramente motivado por el afán de llegar primero a verificar que existía una sustancia de comportamiento tan extraño a pesar de tratarse simplemente de H2O (figura 1). Ese año pasé uno de los períodos más frustrantes de mi carrera científica, fui a EEUU contratado para estudiar las propiedades de la poliagua y nunca la vi. Me tranquilicé un tanto cuando escuché en una reunión científica que para obtener poliagua era necesario no ser muy cuidadoso en su preparación. ‘Caramba’, me dije, ‘es hora de cambiar de tema’. Me dediqué otra vez a investigar una fisicoquímica más mundana, pero más creíble. La historia de la poliagua terminó con una nota en una revista no científica donde se veía la fotografía de un investigador retorciendo su sudada camiseta sobre un enorme vaso de precipitados. Si se concentraba el líquido de dudosa composición así logrado se obtenía un material en el que se observaban todas las propiedades de la poliagua –exactamente como decía la receta.
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