Volumen 14 - Nº 79
Febrero - Marzo 2004

Bioherbicidas:
una alternativa en el manejo de malezas
en sistemas agrícolas sustentables


Cecilia I Mónaco* y Horacio A Acciaresi
Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales, Universidad Nacional de La Plata
*Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires

Ventajas y desventajas del uso de agentes de control biológico, cómo se usan y qué restricciones tienen.

La agricultura moderna ha logrado incrementos productivos notables. La creciente producción de alimentos se ha debido, entre otros factores, a un importante proceso de intensificación, en el que se destaca el amplio uso de insumos para el control de malezas, plagas y enfermedades, como así también fertilizantes. Así, los últimos 50 años del siglo XX se caracterizaron por una fuerte dependencia respecto de los agroquímicos como elementos fundamentales en el control de adversidades de los cultivos.  El desarrollo de diferentes familias de herbicidas a partir de la década del ´40 dio lugar a la idea de que el control químico sería una herramienta que posibilitaría la erradicación de malezas, convirtiéndose, desde entonces, en el método principal utilizado por los productores agropecuarios. Prueba de ello es la importante cantidad de herbicidas químicos que se utilizan actualmente para tratar de mantener a las mismas en niveles que permitan la productividad de los cultivos. En la Argentina, durante 2001, se comercializaron alrededor de 603 millones de dólares de agroquímicos (herbicidas, fungicidas, insecticidas), de los cuales los herbicidas constituyen cerca del 66 por ciento (aproximadamente 400 millones). No obstante este esfuerzo, la presencia de malezas ha acompañado a la agricultura desde su mismo inicio y lo sigue haciendo en la actualidad.

Las características de plantas indeseadas y perjudiciales son conceptos que han predominado en el concepto de maleza. La posibilidad de interferencia de las actividades agrícolas (ver recuadro ‘Efectos de las malezas’) actuó como marco teórico para la difusión masiva del control químico de malezas. En ese enfoque se pone énfasis en la idea de eliminar la maleza por sobre el concepto de controlarlas. El uso reiterado de herbicidas trajo consecuencias tanto a nivel local como regional. Dentro de los inconvenientes a escala del predio pueden mencionarse la aparición de malezas resistentes a herbicidas y la disminución de la diversidad florística. La desaparición de las malezas del paisaje agrícola condujo al incremento de plagas y enfermedades, dado que desaparecieron los refugios (que constituían las propias malezas) que utilizaban los organismos encargados de controlar dichas adversidades. Al nivel regional se han producido situaciones de contaminación ambiental que han llevado por ejemplo a detectar altas concentraciones de herbicidas en las napas que abastecen de agua a distintas comunidades urbanas. Por ejemplo en los EEUU la contaminación de la cuenca del río Mississippi ha sido ampliamente documentada, debido a que de ella se proveen de agua de consumo alrededor de 18 millones de personas.

En los 12 estados que drenan hacia esta cuenca se encuentra aproximadamente el 65 por ciento del área cultivada del país, que recibe por tanto la mayoría de los herbicidas aplicados a cultivos agrícolas. Hacia finales de la década del ´80, más de 125.000 toneladas métricas de principios activos de herbicidas eran aplicados en esta área anualmente. En 1991, por ejemplo, se detectó que los niveles de atrazina, cimazina y alaclor (tres herbicidas utilizados en los cultivos de maíz, sorgo y soja) superaban los límites de tolerancia establecidos por la Agencia de Protección Ambiental Americana (EPA).     


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