Volumen 13 - Nº 76
Agosto - setiembre 2003

Los recursos genéticos vegetales y la producción agrícola

Los cultivos comerciales están sometidos a la acción de factores adversos de origen biótico, como virus, hongos, bacterias, insectos y otras plagas, y de origen abiótico, como sequías, heladas y salinidad, que pueden afectar negativamente la producción y poner en riesgo las cosechas.

Los factores adversos de origen biótico pueden controlarse mediante estrategias de manejo del cultivo, por ejemplo, la aplicación de agroquímicos, que puede ir acompañada de labores culturales complementarias como la remoción mecánica de malezas que hospedan plagas y patógenos, o mediante la utilización de formas comerciales (variedades) de la especie cultivada que poseen resistencia genética (es decir, que no se enferman o que no son atacadas por las plagas debido a los genes que llevan) o con tolerancia genética (que se enferman o que son atacadas por las plagas pero, sin embargo, el rendimiento no se ve mayormente afectado en términos económicos). Los factores adversos de origen abiótico, por otro lado, restringen las áreas en las que pueden cultivarse algunas especies o aumentan los riesgos de cosecha. La acción negativa de estos factores puede ser contrarrestrada, en algunos casos, con prácticas agronómicas (por ej., mediante la realización de cultivos protegidos en invernáculo o utilizando fuentes de calor en el campo para evitar daños por heladas, o aplicando riego artificial para suplir las deficiencias de agua) o utilizando variedades con resistencia o tolerancia genética a estos factores.

Para que sean efectivas, las estrategias de manejo de los cultivos deben proveer niveles aceptables de control de los factores adversos, ser de fácil aplicación, seguras para el ambiente y efectivas en relación al costo. Con referencia al control de los agentes bióticos adversos, la aplicación de agroquímicos es una práctica que contamina el ambiente y que, en muchos casos, no satisface los otros requisitos. En contraste, el uso de variedades con resistencia o tolerancia genética elimina la necesidad de aplicación de agroquímicos o reduce el número de aplicaciones necesarias para realizar un control efectivo, al mismo tiempo que satisface los otros requisitos; por eso se considera que es una tecnología segura y ‘amigable’ para el ambiente. Principalmente en los países desarrollados, el consumidor tiene una opinión negativa de la agricultura en general, por los efectos nocivos de la aplicación de agroquímicos sobre el ambiente y los residuos tóxicos que pueden quedar en los alimentos. Por eso demanda, cada vez con más fuerza y a través de organizaciones de consumidores que tienen peso en las decisiones políticas, que se eliminen o reduzcan estas prácticas contaminantes, a la vez que está dispuesto a pagar precios más altos por alimentos que considera más sanos y seguros.

La relación entre las plantas y los agentes bióticos adversos es dinámica. Constantemente, en las poblaciones de patógenos y plagas aparecen individuos con nuevas constituciones genéticas (genotipos) como consecuencia de la reproducción sexual y por mutación (cambio espontáneo o inducido en el material genético o ADN=ácido desoxirribonucleico). Algunos de estos individuos pueden ser resistentes a los agroquímicos en uso o superar la resistencia o tolerancia genética de las plantas en cultivo, por lo que rápidamente se multiplican y ponen en riesgo la producción. El desarrollo de variedades comerciales es, entonces, un proceso continuo en el que el fitomejorador constantemente tiene que generar nuevos materiales genéticos que no solo reúnan las características deseables desde el punto de vista comercial, culinario y/o industrial, de acuerdo con el uso que se le dará a la producción, sino también desde el punto de vista agrónomico, para superar las restricciones impuestas por los factores adversos y asegurar la cosecha. Para llevar a cabo ese proceso, el fitomejorador tiene que disponer de variabilidad genética para los caracteres que desea combinar en una nueva variedad.

Las fuentes naturales de variabilidad genética son otras variedades comerciales de la misma especie, materiales avanzados de los programas de mejoramiento genético, especies cultivadas emparentadas, especies asilvestradas (que han sido cultivadas en algún momento pero que en la actualidad crecen en forma espontánea como malezas de otros cultivos, en banquinas o en campos sin cultivar) y especies silvestres. Otras fuentes de variabilidad genética son las mutaciones inducidas por la aplicación de agentes químicos (gas mostaza, ácido nitroso) o físicos (radiaciones ionizantes, luz ultravioleta) y la transgénesis o transferencia de genes de una especie a otra mediante la manipulación directa del ADN utilizando biotecnologías. Sin embargo, las mutaciones inducidas son aleatorias (no se sabe a priori qué genes mutarán ni qué tipo de cambios se inducirán) y la transgénesis, que puede incluso superar las barreras a la hibridación entre individuos de distintos reinos de la naturaleza, se basa en el uso de la variabilidad natural existente.

Las especies silvestres han estado sometidas a la acción de factores bióticos y abióticos adversos, en algunos casos por miles de años. Por eso, es posible encontrar en poblaciones naturales algunos individuos que poseen genes de resistencia o tolerancia genética, que pueden transmitirse a las formas cultivadas mediante procedimientos relativamente sencillos (por ej., transferencia controlada de polen entre plantas).

La obtención de una variedad demanda entre 10 y 15 años. Como los materiales genéticos que están en el sistema de investigación y desarrollo van perdiendo su valor a una determinada tasa anual (estimada en alrededor del 7 por ciento) por las contingencias ambientales y las demandas cambiantes de los mercados, se deben incorporar nuevos materiales genéticos de fuentes naturales en aproximadamente la misma tasa para que no haya una depreciación en el sistema. Por eso, la conservación de los recursos genéticos vegetales es fundamental para mantener y mejorar la producción agrícola.

La importancia de los recursos genéticos vegetales para la seguridad alimentaria y la agricultura sustentable ha sido reconocida en los máximos niveles políticos del mundo. Los gobiernos de 150 países, entre los que se incluye la Argentina, adoptaron en 1996 un Plan Global de Acción para la Conservación y Uso Sustentable de Recursos Genéticos de Plantas para la Alimentación y la Agricultura (FAO 1996), que presenta muchos desafíos para los investigadores en lo que hace al desarrollo o adaptación de tecnologías apropiadas para el uso de estos recursos. Son prioridades de este plan la elaboración del inventario de los recursos genéticos vegetales así como la caracterización y evaluación de los mismos para que puedan ser efectivamente utilizados en la agricultura y la alimentación con los consiguientes beneficios sociales y económicos.