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Volumen 13 - Nº
74
Abril - Mayo 2003 |
Enfermedades endémicas y
emergentes de plantas cultivadas
Igual que los animales, las plantas contraen enfermedades, tanto infecciosas (provocadas por otro ser vivo) como no infecciosas (que se deben a factores genéticos o ambientales). El mal de Río Cuarto del maíz, causado por un virus que propaga un insecto, es una de las enfermedades que ocasionan fuertes trastornos económicos.
Las enfermedades de las plantas alteran sus raíces, tallos, hojas, flores, frutos y muchos de los productos, derivados de ellas, que nos proporcionan alimentos, vestidos, objetos domésticos y materiales para la vivienda, además de regular el ambiente en que vivimos. Dichas enfermedades han ocasionado fenómenos de enorme importancia social: a mediados del siglo XIX, el tizón tardío de la papa (potato blight), causado por el hongo microscópico Phytophthora infestans, provocó la muerte por hambre de más de 250.000 personas en Irlanda y una migración masiva de Europa a Norteamérica y otras regiones del mundo (Ciencia Hoy, 35:48-51, 1996). En la actualidad, millones de habitantes de los países más pobres solo subsisten del cultivo de vegetales, por lo que las enfermedades de estos tienen una influencia determinante en la posibilidad de que obtengan alimento. Tales enfermedades, junto con las plagas y malezas, causan mundialmente pérdidas de entre un 25 y un 55 por ciento de la producción vegetal, mientras que los daños debidos únicamente a las enfermedades oscilan entre un 9 y un 22 por ciento de dicha producción, dependiendo del cultivo de que se trate y del desarrollo tecnológico del país en cuestión.
Las enfermedades alteran la capacidad de las células y los tejidos de las plantas para realizar sus funciones fisiológicas normales. Los cambios son inducidos por agentes infecciosos o por factores ambientales que afectan determinados tipos de células y tejidos: la índole de estos determina las funciones fisiológicas que se verán modificadas. Así, las patologías de las raíces pueden inhibir la absorción de agua y nutrientes; las que alteran las hojas interfieren la fotosíntesis, y las de flores y frutos modifican las funciones reproductivas y la producción de granos o semillas. En términos generales, las enfermedades causan pérdidas económicas por disminución de la cantidad y calidad de los productos a cosechar (biomasa, flores y semillas o frutos), además de incrementos en los costos de producción por la necesidad de utilizar productos agroquímicos o semillas más resistentes a ciertos agentes patógenos (que suelen ser más costosas). También conducen a que no se puedan realizar ciertos cultivos en las áreas ecológicas más aptas y a la intoxicación de humanos y animales por ingestión de sustancias producidas por dichos agentes patógenos.
La mayoría de las enfermedades de las plantas son de tipo infeccioso, es decir, se deben a la acción de otros seres vivos, como hongos, bacterias, virus y viroides, que adoptan una relación de parasitismo con la planta y así la enferman. El ser vivo que alberga al parásito se suele denominar huésped, hospedador u hospedante. Esos trastornos de origen biótico contrastan con los de origen abiótico (o no infeccioso), generados por algún factor del ambiente, como heladas tempranas o tardías, exceso o déficit de agua en el suelo, contaminación del aire (smog) o las aguas, déficit o exceso de fertilizantes, toxicidad de productos agroquímicos y prácticas agronómicas inadecuadas.
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