Volumen 13 - Nº 74
Abril - Mayo 2003

El clima espacial:
     ¿satélites y astronautas en peligro?

Luciano Rodríguez y Guillermo A Stenborg
Max-Planck-Institut für Aeronomie, Katlenburg-Lindau, Alemania

El clima espacial es el conjunto de fenómenos e interacciones que se desarrollan en el medio interplanetario. Está regulado fundamentalmente por la actividad que se origina en el Sol y afecta a tanto a los satélites que se encuentran fuera de la cubierta protectora de la atmósfera como a los planetas del sistema. En la Tierra, las tormentas geomagnéticas que se producen como consecuencia de la actividad solar, también ejercen su influencia en las diferentes formas de vida.

Las fotografías de eclipses de Sol tomadas con alta resolución espacial y temporal (figura 1) han revelado, históricamente, que la llamada corona solar es extremadamente dinámica. Observaciones llevadas a cabo con instrumentos dotados de última tecnología han mostrado que la corona solar está continuamente deformada y sacudida por movimientos convectivos de las bases de las estructuras magnéticas ancladas en la fotosfera (ver recuadro ‘La estructura del Sol’), dando lugar a liberaciones explosivas de masa y energía. El mecanismo físico que las dispara, así como la naturaleza de su aceleración a medida que el plasma eyectado se propaga en el medio interplanetario, es uno de los temas que aún hoy permanece sin una adecuada respuesta.

 


Figura 1. Imagen tomada en Hawaii de un eclipse solar total en 1991. El disco negro es la Luna y la luminosidad violácea representa las extensiones de la corona solar (streamer coronales).
(Ver recuadro: ‘La estructura del Sol’)
(Imagen gentileza del Observatorio de Gran Altitud, National Center for Atmospheric Research –NCAR–, Boulder, Colorado, EEUU).

Tanto las eyecciones coronales de masa (CME por sus siglas en inglés, que son fenómenos que involucran la eyección de plasma solar y campo magnético hacia el medio interplanetario) como las fulguraciones solares (que producen liberaciones explosivas de energía caracterizadas por un abrillantamiento de la región donde se producen) son dos de los fenómenos hidromagnéticos eruptivos más impresionantes en la corona solar (ver recuadro ‘Eyecciones de masa coronal’). Hasta solo una década atrás, se pensaba que las condiciones adversas en el espacio eran producidas principalmente por las fulguraciones solares (Ciencia Hoy, 6:8-12), fenómeno observado primero en longitudes de onda en el rango visible y luego en emisiones de radiofrecuencia, ultravioleta y rayos X.

Ellas fueron, en su momento, las únicas responsables, hasta el descubrimiento de las CMEs por parte de los primeros coronógrafos espaciales en la década del 70. Estas gigantescas erupciones de masa fueron en un principio interpretadas como una consecuencia del efecto producido por las fulguraciones solares. Sin embargo, el análisis de la gran cantidad de datos solares e interplanetarios tomados por instrumentos espaciales llevó al descubrimiento de un hecho fundamental: las fulguraciones representan un papel secundario en la iniciación y propagación de fenómenos que afectan a la Tierra. La relación exacta entre fulguraciones y CMEs es compleja y actualmente motivo de debate; las observaciones indican que algunas fulguraciones pueden ser iniciadas por CMEs, pero el proceso inverso ha sido muy raramente identificado.

 


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