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Volumen
13 - Nº 74
Abril - Mayo 2003 |
ENRIQUE
RAMÓN GAVIOLA
Con relación a dos artículos aparecidos en el número 71 de Ciencia Hoy, que, uno, rescata del olvido los primeros y casi desconocidos estudios sobre radiación cósmica en la Argentina, y, el otro, comenta el proyecto Pierre Auger, la investigación de física experimental de mayor envergadura que se lleva a cabo en el país, las academias nacionales de ciencias de Córdoba y de Buenos Aires han propuesto que el observatorio actualmente en construcción en Malargüe para realizar dicha investigación lleve el nombre de Enrique Ramón Gaviola, que nació en Mendoza el 31 de agosto de 1900 y fue uno de los científicos más importantes de nuestra historia, como lo atestigua la edición de 1998 de Notable Twentieth Century Scientists. Se graduó con mención magna cum laude en Berlín en 1926. En veintitrés de los cursos que tomó allí los profesores eran ganadores del premio Nobel y dos de ellos dirigieron su tesis. En 1928 construyó el primer equipo para evidenciar la emisión atómica estimulada (origen del laser) y otro equipo que permitiría hacer física nuclear experimental. Sus trabajos sobre espectrometría y fluorescencia permitieron analizar en forma crítica la teoría de Shroedinger, y construyó un fluorómetro que dio origen a los estudios sobre el comportamiento hidrodinámico de las proteínas. La puesta en operaciones del mayor telescopio reflector del siglo XX, el del monte Palomar con un espejo de 5m de diámetro, solo pudo lograrse gracias a las soluciones técnicas que propuso. Entre sus actividades en la Argentina se pueden mencionar la instalación del gran telescopio de Bosque Alegre, la creación de la Asociación Física Argentina y del Instituto de Matemática, Astronomía y Física de Córdoba, la primera estación del hemisferio sur para el seguimiento de satélites artificiales y el radiotelescopio de Pereyra Iraola, así como su participación en la génesis del Centro Atómico Bariloche, del Instituto Balseiro y del CONICET. Con la iniciativa de las mencionadas academias, recibiría un justo reconocimiento y se rescataría del olvido la obra extraordinaria de un científico argentino singular.
Acerca
de la interesante la nota aparecida en el número 72, en la que hay
un oportuno recuerdo de Jean-Marie Franchomme, arqueólogo francés
que se enamoró de la Patagonia y que conocí en su casa de Ushuaia,
caben dos aclaraciones. La primera es que el autor de la nota utiliza el relato
de Isaac Morris, que el 10 de enero de 1741 desembarcó junto con otros
siete náufragos de la expedición de Anson y sobrevivientes del
Wager en un lugar incierto de la costa atlántica. El artículo
indica que sin duda fue al sur del río Colorado, ya que su desembocadura
con múltiples brazos y terrenos fangosos impidió el avance por
tierra hacia el norte. El relato de Morris expresa la visión de
este en contraste con la versión oficial de la expedición publicada
en 1743, y no guarda la regularidad de un diario, como lo aclara el propio
Morris. La versión castellana forma parte de la colección Viajeros,
obras y documentos para el estudio del hombre americano editada por Alcides
A Vignati y publicada por Coni (Buenos Aires, 1956). En ella se asegura que
los náufragos desembarcaron en lo que hoy es Mar del Plata, y que los
terrenos fangosos son los bañados del Tuyú. El relato menciona
expresamente una latitud de 38°40S. Los náufragos estimaban
que Buenos Aires estaba unas 300 millas al NO. Si tal distancia es
mayor que los 400km entre Mar del Plata y Buenos Aires, Vignati consideró
que mencionarla fue una exageración para justificar los repetidos fracasos
en llegar a Buenos Aires. Por otro lado, las rocas, acantilados, playas de
arena, el banco de arena de 4 a 5 leguas saliendo hacia el SE y la bahía
grande y arenosa que se mencionan no dan lugar a dudas de que se trató
de Mar del Plata. También resulta definitorio el testimonio del padre
Sánchez Labrador, seguramente informado por el jesuita José
Cardiel: Por conexión de noticias será bien advertir que
en la punta de esta serranía del Volcán, que cae hacia el mar,
hay 3 ensenadas... En una de estas ensenadas dejó ocho hombres un navío
de los de la escuadra del vicealmirante Anson, que a cuatro quitaron la vida,
y a los otros cuatro llevaron a sus toldos cautivos. La segunda aclaración
se refiere a la presencia de jaguares en, por lo menos, el norte de la Patagonia.
No necesitamos dejar los comentarios de Vignati para encontrar documentos
probatorios. Se indica en ellos que, en octubre de 1770, el capitán
Juan Antonio Hernández, refiriéndose a la localidad de Médano
Partido, al sur de la laguna Palantelén, mencionó que ...leones
y tigres, de que abunda mucho este campo... En 1822, el coronel Pedro
Andrés García mencionó un bosque en la sierra de la Ventana
donde encontramos animales feroces, como tigres, leopardos, que se abrigaban
dentro de él. En 1881, Adolfo Doering, testigo de la campaña
contra el indio patagónico, indicó la presencia de Felis
onca L. cerca de la laguna Marraco, a doce leguas de la costa atlántica
de Bahía Blanca. En esa misma campaña, Antonio Espinosa apuntó
que Cazaron un tigre y se vio la rastrillada de otros seis. Y en el
siglo XX, Lehman-Nitsche (1907) y Monticelli (1933) aseveraron la presencia
de jaguares en el norte de la Patagonia y en la pampa central.
Agradezco
la contribución del lector Isla acerca de la presencia de yaguaretés
en el sur de la región pampeana y norte de la Patagonia. En lo que
respecta a la ubicación del naufragio de Morris, la evidencia que el
nombrado suministra no me resulta convincente. El texto de Morris es, efectivamente,
un relato y no un diario de viaje, lo que no quiere decir que sea una narración
ficticia. Igual que los relatos de Campbell, Bulkeley y Cummins, otros sobrevivientes
del Wager, es un descargo con relación al relato oficial, pero
ese carácter se refiere a la condena que estos marinos, así
como otros tripulantes del Wager, recibieron al regresar a Inglaterra,
por oponerse a las órdenes del capitán Cheap después
del desembarco forzoso en las costas chilenas. Vignati en su momento y el
lector Isla ahora deducen de la descripción geográfica del lugar
del naufragio que se trata de la zona de Mar del Plata. Es cierto que las
rocas, acantilados, playas de arena y una bahía grande y arenosa
recuerdan a esa zona. Pero ¿es ello suficiente para precisar el lugar
del naufragio? Lo sería si tales características no se repitieran
a lo largo de la costa, pero ellas aparecen varias veces en el litoral patagónico,
incluyendo el del Chubut. Por eso su presencia en algún sitio no es
suficiente para sostener que allí fue el naufragio.
Vignati habría identificado la choza construida por Morris y sus compañeros. Pero esta pudo haber sido levantada por cualquiera del sinnúmero de personas que circularon por la zona durante los 200 años que separan a ambos. Parece difícil, además, que restos tan viejos perduren al borde de un arroyo en una región con lluvias torrenciales e inundaciones frecuentes. El testimonio del padre Sánchez Labrador puede ser tenido en cuenta, pero no basta como evidencia y la ubicación que da no coincide con la de Vignati. Una evidencia suficiente solo puede provenir de vestigios arqueológicos o del relato original.
Por último, aceptar el argumento de que latitud de 38°40S sugiere que el naufragio sucedió en las cercanías de Mar del Plata, pero pasar por alto el que la distancia de más de 300 millas a Buenos Aires sugiere otra cosa, es hacer una elección arbitraria de la evidencia disponible. Es cierto que la estimación de la distancia a Buenos Aires puede ser errónea, pero también lo es que la latitud puede estar equivocada, ya que los náufragos no contaban con instrumentos que les hubiesen permitido establecer su ubicación. Mi inclinación a pensar que el naufragio tuvo lugar al sur del río Colorado se basa en la descripción del obstáculo encontrado por Morris y compañeros en su marcha hacia el norte. El accidente geográfico descripto no es propio del sur de Buenos Aires, ni los bañados del Tuyú responden a la descripción de Morris, que comienza diciendo Luego de diez días de marcha, llegamos a la desembocadura de un río. El sitio del naufragio de Morris y sus compañeros no puede ser precisado, pues la evidencia no es suficiente para hacerlo. Pero solo el delta del río Colorado, ubicado a 38°40S, parece corresponder al obstáculo descripto por Morris cuando relató su intento de alcanzar Buenos Aires.
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