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Volumen 13 - Nº
74
Abril - Mayo 2003 |
Daniel F Alonso, Hernán G Farina, Agueda M Tejera,
Mariano R Gabri y Daniel E Gómez
Laboratorio de Oncología Molecular, Universidad
Nacional de Quilmes
En la actualidad, el cáncer se trata con los métodos convencionales que han probado ser eficaces, pero en diferentes laboratorios se están realizando estudios para obtener nuevos medicamentos de uso prolongado, que se adicionarían a la terapia preexistente.
El objetivo central del
tratamiento de un paciente con cáncer es extirpar y/o destruir las células anómalas.
Si todas las células cancerosas fueran eliminadas el paciente estaría curado.
En el caso de las neoplasias benignas –o sea aquellos tumores cuyas células
no se diseminan por todo el organismo–, la cirugía es suficiente para extirpar
la masa tumoral y así curar al enfermo. También es posible aplicar este tratamiento
en pacientes afectados por un tumor maligno si el diagnóstico se realiza tempranamente,
cuando la enfermedad no se ha diseminado y todavía no se desarrollaron focos
de metástasis en órganos vitales (véase ‘¿Por
qué se disemina el cáncer?’, Ciencia Hoy, 73:48-55, 2003).
Sin embargo, debido a la extraordinaria capacidad de las células cancerosas para proliferar y adaptarse, un pequeño resto microscópico es suficiente para que el tumor se reorganice, cobre un vigor renovado y vuelva a crecer. También puede suceder que al momento de la cirugía ya existan células cancerosas en los ganglios linfáticos que drenan el tumor o pequeñas metástasis en órganos distantes. Es por ello que en los meses que siguen a la extirpación quirúrgica del cáncer el tratamiento suele completarse con varios ciclos intensivos de quimioterapia o radioterapia, en un intento de destruir los focos de células cancerosas en crecimiento que pudieran haber quedado en el organismo. Este tratamiento complementario se aplica incluso ante la sola presunción de la existencia de restos del tumor o metástasis microscópicas luego de la cirugía.
En realidad, el cáncer es una enfermedad crónica y, como tal, su tratamiento debería ser muy prolongado. Resulta obvio que los enfermos cardíacos o los diabéticos están obligados a tratarse de por vida y que por lo tanto aprenden a convivir con sus padecimientos. Por el contrario, los médicos han tratado el cáncer con tratamientos cortos e intensivos, que tienen como resultado el rotundo éxito o el fracaso. El conocimiento de los mecanismos que hacen progresar la enfermedad ha conducido poco a poco a un enfoque más propio de una dolencia crónica. Aunque no sea posible curar rápidamente al paciente, el tratamiento podría igualmente mantener contenida a la enfermedad y aliviar los síntomas.
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