Volumen 13 - Nº 73
Febrero/Marzo 2003


El origen de los vasos sanguíneos
              Alicia Sottile, Ruptura Nš2, 1990. Acrílico sobre tela (70x90cm). Colección del TANDAR.
La formación de los vasos sanguíneos está programada genéticamente y controlada por determinantes ambientales locales, pero los mecanismos involucrados solo se conocen parcialmente. Comprender estos mecanismos a nivel celular y molecular es fundamental para poder controlar enfermedades y para promover el desarrollo de órganos artificiales usando técnicas de ingeniería genética.

En todos los mamíferos el oxígeno necesario para la vida es transportado por la sangre que circula en los vasos sanguíneos, los cuales son imprescindibles para el desarrollo y funcionamiento de todos los órganos.

En condiciones normales, la estructura y distribución de los vasos sanguíneos de cada órgano es constante y está determinada genéticamente. Si durante la vida embrionaria los vasos no se desarrollan adecuadamente los embriones mueren por falta de oxigenación de órganos vitales tales como el corazón o el riñón, si crecen desordenadamente se originan graves enfermedades congénitas, y cuando crecen en exceso se forman tumores vasculares.

En la vida adulta la formación de nuevos vasos se produce solo en el útero durante el ciclo menstrual, en la placenta durante el embarazo y en los procesos de cicatrización. Por ejemplo, si luego de un infarto no crecen nuevos vasos, la zona dañada del músculo cardíaco muere debido a la falta de oxígeno y se transforma en una cicatriz fibrosa. Enfermedades tan diversas como diabetes, artritis o retinopatía del prematuro se complican a raíz del desarrollo anormal de vasos sanguíneos, y el crecimiento de los tumores malignos depende en gran medida de los vasos sanguíneos que permiten su oxigenación (véase el recuadro ‘Angiogénesis: de la biología al tratamiento’).

 

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