Volumen 13 - Nº 73
Febrero/Marzo 2003


El estuario del Plata

 

Los estuarios, donde los ríos desembocan en los mares, son el lugar de encuentro de dos mundos fisicoquímicos y biológicos diferentes: el de las aguas dulces de aquellos y el de las saladas de estos. Son, por lo general, ecosistemas biológicamente más productivos que el río y el mar, por las condiciones particulares de circulación de las aguas, que provocan la retención de nutrientes.

Navegar por la zona exterior del Río de la Plata puede deparar algunas sorpresas. Aguas afuera de Montevideo, por ejemplo, se puede apreciar el color leonado del río, cargado de sedimentos, y percibir que su olor posee tenues reminiscencias vegetales, en vez del desagradable vaho que desprende cerca de la costa de Buenos Aires. Esas aguas barrosas, que conforman lo que alguien llamó la pampa líquida, no tienen mal sabor y hasta resultan aceptables para combatir la sed. Si se echara una red de pesca, posiblemente se descubriese que la captura se compone de peces de mar, como si se la hubiese extendido frente a San Clemente del Tuyú o a La Paloma. Un observador desprevenido se preguntaría qué hacen corvinas, pescadillas, gatuzos y testolines en aguas cuya apariencia y efluvios harían esperar la presencia de bogas, bagres, sábalos y armados.

Anchoita
Anchoíta (Engraulis anchoita)

La desmesura de los ríos caracteriza a la América del Sur. El Orinoco, el Río de la Plata y el colosal Amazonas drenan las aguas de algo más de 11 millones de kilómetros cuadrados. Solo esos tres ríos canalizan el desagüe al mar del 63 por ciento de la superficie sudamericana. Es el continente en el que cae la mayor cantidad de

Corvina Rubia
Corvina rubia o blanca (Micropogonias furnieri).

lluvia por kilómetro cuadrado, y también aquel en el que mayor cantidad de agua por kilómetro cuadrado escurre al mar (en ambos casos, más del doble que en cualquier otro continente).

El Río de la Plata vierte al Atlántico en promedio 22.000 metros cúbicos por segundo y fertiliza el océano adyacente con el aporte de nutrientes y detritos orgánicos. Hace sentir su influencia a centenares de kilómetros de su desembocadura. Su enorme caudal, al encontrar la suave pendiente de la plataforma continental, forma un estuario poco profundo y de enorme superficie. Ese es el escenario del encuentro entre el río y el mar (figuras 1 y 2), conformado por dos masas de agua que no se mezclan espontáneamente. Se deslizan una sobre la otra: el agua dulce continúa su camino hacia el océano por la superficie, en tanto que el agua marina, más pesada debido a su carga de sales, se mueve en dirección opuesta sobre el lecho del estuario hasta que la detiene un escalón en el fondo de este.

 

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