Volumen 12 Nº 70
Agosto - Septiembre 2002


    Agujeros negros
                en la galaxia



La Teoría General de la Relatividad predice que
un objeto suficientemente compacto puede llegar
a distorsionar la estructura geométrica
del espacio-tiempo, a tal punto que ninguna
señal que sea producida en el objeto pueda
alcanzar jamás a un observador externo.
Estos objetos oscuros, sobre los cuales
los físicos han especulado por largo tiempo,
son los agujeros negros. En ellos, la
gravedad triunfa sobre todas las otras fuerzas
conocidas de la naturaleza. ¿Qué podemos
llegar a saber de estos agujeros negros que
en principio no podemos ver? ¿Existen estos
objetos realmente? ¿Qué papel desempeñan en
el universo? ¿Podemos encontrarlos en
nuestra propia galaxia? Veamos...
Vía Láctea 


Jorge A Combi, Gustavo E Romero

y Diego F Torres


Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR),
La Plata

 


Breve reseña histórica

Cuando lanzamos hacia arriba una piedra, vemos que después de unos momentos detiene su ascenso y regresa a nosotros. Esto nos hace sospechar que debe existir alguna fuerza que frena a la piedra en su ascenso y que la empuja luego de nuevo hacia nuestro planeta. Fue Isaac Newton, hace más de 300 años, quien se percató de que la fuerza que nos sujeta a la Tierra y gobierna la trayectoria de la piedra, es la misma que mantiene a la Luna en órbita alrededor de nuestro planeta. Llamamos a esa fuerza gravedad. Siendo sus efectos de largo alcance, esta fuerza varía inversamente con el cuadrado de la distancia, incrementándose, de acuerdo con la teoría newtoniana, si la masa del cuerpo aumenta.

La intensidad de la atracción gravitatoria puede caracterizarse por la velocidad inicial con que debe ser lanzado un proyectil para escapar de un cuerpo con masa. Para la Tierra, por ejemplo, esta velocidad, conocida como ‘velocidad de escape’, es de unos 40.000km/h, mientras que para el Sol es aproximadamente 100 veces mayor. La atracción gravitatoria del Sol domina al sistema solar, aun cuando su velocidad de escape sea tan solo unas quinientasava parte de la máxima velocidad posible, que es la velocidad de la luz (c=299.792.458m/s). Podríamos preguntarnos ¿cuál sería el efecto de la gravedad alrededor de un cuerpo cuya velocidad de escape es tan alta como la de la luz? La respuesta a este interrogante la dieron, independientemente, el físico inglés John Michell y el matemático francés Pierre Simon de Laplace hace más de 200 años. Basados en la teoría corpuscular de la luz formulada por Newton y en su teoría de la gravedad, predijeron una de las consecuencias más fascinantes de la atracción gravitatoria: la existencia de los, así llamados años más tarde, agujeros negros. Se trata de objetos tan densos que han cortado toda conexión con el mundo exterior; de ellos, ni la luz ni ninguna otra señal pueden escapar. A pesar del anuncio temprano de la posibilidad de que estas estructuras existiesen en la naturaleza, la idea encontró adherentes solamente después de la formulación, en 1915, de la Teoría General de la Relatividad por Albert Einstein.

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