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Volumen
12 - Nº 69
Junio/Julio 2002 |
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Las narices electrónicas son dispositivos inspirados en el sistema olfativo de los mamíferos y diseñados para realizar las mismas funciones que dicho sistema. Su aplicación principal es la identificación de aromas, es decir, establecer –en forma hasta cierto punto similar a la de los catadores de vino– si determinado olor se puede asociar con algún producto o con estados especiales de este, como la frescura o la descomposición. Entre las narices naturales, las de algunas razas de perros se cuentan entre las más asombrosas, pues son capaces de identificar a ciertas personas, como el amo del animal, solo por el olor. Las narices electrónicas intentan hacer lo mismo, pero, a diferencia de las biológicas, tienen la particularidad de que se valen de la matemática para describir lo que identifican.
Cuando las personas aspiran un olor o aroma, los sensores de su sistema olfativo envían señales eléctricas al cerebro, donde son almacenadas en la memoria. Cuando recibe nuevas señales, el individuo las compara con las obtenidas antes y guardadas en la memoria, lo que permite a su cerebro identificarlas. Por ejemplo, las personas pueden reconocer aromas que percibieron en otros momentos y que quedaron asociados con el concepto de olor placentero o perfume. Les resulta así posible identificar distintos olores (por ejemplo varios perfumes diferentes) sin conocer la composición química de la mezcla de gases que los provocan ni la de los productos que emiten esos gases.
El estudio de los aromas es importante en las industrias de alimentos, cosméticos y bebidas, y en el empaque de productos. Es de relevancia para el control de la calidad de estos y para el de ciertos procesos industriales que emiten olores. El olor interviene en forma destacada cuando se elige qué comprar y, por ende, es un instrumento esencial de comercialización, lo que influye en la actividad industrial. Recuérdese que todo cosmético o producto de limpieza se caracteriza por tener un olor distintivo. La identificación de olores ayuda en la seguridad industrial en casos como la constatación, por esa vía, de la presencia de gases en ambientes cerrados. Así, se han colocado narices electrónicas en las estaciones satelitales y en naves de guerra, para descartar falsas alarmas de incendio.
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