Volumen 12 - Nº 69
Junio/Julio 2002
   


Cartas de lectores

Los nombres de las especies

 Como taxónomo que trabaja en paleontología de vertebrados y aficionado a la lingüística, he seguido con interés la discusión ventilada en las cartas de lectores de Ciencia Hoy acerca del artículo en los nombres científicos de las especies. Igual que Bachmann (67:17), opino que el comentario de Cazzaniga (64:56-59) dio plenamente en el blanco. Pero de todos modos quiero terciar en el asunto, con un enfoque diferente. Afirmó el primero: ‘que las especies sean, efectivamente, entes individuales o colectivos, es asunto filosófico, a discutir en el ámbito de esa disciplina’. O en el de la lingüística, apunto yo. El asunto de mi interés es la ambigüedad del carácter individual o colectivo de los nombres de las especies y su relación con la presencia o ausencia del artículo en muchas lenguas. Tomo un ejemplo de los cuentos folklóricos: Juan el Zorro. Pese a que el protagonista tiene nombre propio y es, por ende, un personaje singular, todos entendemos que se trata de cualquier representante de la especie zorro, o de todos ellos. En un relato mapuche, un anciano manifiesta: ‘¿Cómo no vas a poder hacerlo?, le dijo alguien al zorro, ¿para qué sos zorro?’. Aquí queda clara la alusión a la ‘zorridad’, el denominador común de la especie zorro. La lengua araucana o mapuche carece de artículos equivalentes a los castellanos, por lo que un pasaje de una fábula sobre un zorrino curandero se traduciría aproximadamente así: ‘Carancho tenía enferma su mujer. Fue a buscar al curandero. En un camino encontró un zorrino. Al zorrino le preguntó dónde hay curandero…’. (El lector podrá encontrar el texto original en F de Augusta, 1934, Lecturas araucanas. Autorretrato del araucano, Buenos Aires, Vetera et Nova.) Como se advierte, el artículo puede estar presente o ausente, y ser determinado o indeterminado. Pero tal ambigüedad importa poco, pues para el oyente del relato, a pesar de que se trata de dos personajes concretos y singulares, la escena se refiere a todos los caranchos y a todos los zorrinos. Eso mismo ocurriría con las especies linneanas, pues tanto Homo sapiens, sin artículo, como el Homo sapiens, se refieren a todos los integrantes de la especie. La idea que subyace a esta denominación es, precisamente, encerrar la pluralidad en una fórmula sintética, que en este caso incluye dos categorías taxonómicas expresadas por los dos términos latinos.

Rodolfo Casamiquela
CENPAT, Puerto Madryn

Cuadro equivocado

En el artículo ´Sustentabilidad ambiental de la agricultura pampeana´, publicado en el número anterior, se omitieron varios valores negativos de la tabla 2. Se repite la tabla con los valores correctos.

Tabla 2. Estimación de balances de nitrógeno (N) y fósforo (P) en áreas homogéneas de la pradera pampeana argentina durante el período 1960-2000.

AREA PAMPEANA
Balance de N (kg/ha/año)
Balance de P (kg/ha/año)
1960
1988
 1996
1960 
1988
 1996 
40%
70%
100%
40%
70%
100%
Promedio Regional

0,13
0,08
9,0
16,3
26,8
-2,03
-5,07
-5,9
-4,2
-2,3
Ondulada
2,40
-6,03
-0,5
14,6
29,7
-3,66
-12,71
-12,0
-9,2
-6,2
Central subhúmeda
-1,04
-5,29
11,8
18,3
24,8
-2,11
-5,66
-7,1
-5,6
-4,1
Central semiárida
2,43
3,20
12,5
16,6
20,8
-0,91
-1,56
-5,1
-4,4
-3,9
Austral
-2,65
2,83
6,8
12,8
18,7
-1,86
-3,84
-4,6
-3,1
-1,6
Deprimida
1,01
8,35
11,4
5,7
19,9
-1,25
-1,48
-1,8
-0,3
-1,2
Mesopotámica
1,16
6,83
6,5
10,7
14,8
-1,03
-1,22
-3,2
-1,7
-0,2

En 1996, las estimaciones incluyen tres hipótesis de fertilización: 40%, 70% y 100% del área fertilizada de acuerdo con las dosis comerciales recomendadas


Errata

Figuras repetidas

En el artículo ‘Un meteorito del tipo de las angritas fue hallado en la provincia de Buenos Aires’, publicado en el número anterior, se omitieron dos figuras y, por error, se repitieron en su lugar otras dos del mismo artículo. Podrá advertir el lector en ese artículo que la figura 4 también aparece como figura 10, y que la 6 fue nuevamente impresa como 12. Dichas figuras están bien con los números 10 y 12: las correctas figuras 4 y 6 son las que aquí se reproducen con sus respectivas leyendas.

Figura 4. Trozo de roca fresca y la costra de fusión en D´Orbigny. La costra de fusión no supera el milímetro en espesor. Esta se forma mientras el meteorito atraviesa la atmósfera terrestre. En este proceso se pierde por ablación (pérdida de material por fusión y vaporización durante el traspaso de la atmósfera terrestre) aproximadamente el 90% de la masa original del meteorito. (Ancho de la imagen = 10cm). Figura 6. Drusas tapizadas por cristales de augita. Estos pueden alcanzar hasta 1cm de largo.
(Ancho de la imagen = 3cm).

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