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Volumen
12 - Nº 68
Abril / Mayo 2002 |
Los objetivos económicos y sociales que se procuran alcanzar en el corto plazo pueden desviar de metas ambientales de mediano y largo plazo y poner en riesgo el futuro de la sociedad. Abundan indicadores que miden cambios económicos y sociales, pero no ocurre lo mismo con los necesarios para determinar si se producen cambios ambientales críticos, que pueden deteriorar la calidad de vida.
La región pampeana de la Argentina, una de las praderas naturales más fértiles del mundo, ha sido y en mucha medida aún lo es la base esencial de la riqueza del país. Desde que en el siglo XIX comenzó su explotación para producir carnes y granos, las técnicas empleadas en la agricultura y la ganadería sufrieron diversas transformaciones, cuyo resultado fue una creciente productividad de la tierra. En particular, en las últimas tres o cuatro décadas se incorporaron importantes cambios tecnológicos en buena parte de la región, que continuaron e incluso aceleraron esa tendencia al incremento de la productividad. Ante tal fenómeno, es natural preguntarse acerca de las consecuencias de esa más intensa producción agropecuaria para el ambiente natural, sobre todo, acerca de cómo la actual actividad productiva del sector rural podría afectar la capacidad del medio en el largo plazo, y si se está haciendo o dejando de hacer algo que pondría esa capacidad en peligro. En otras palabras, quienes estudian la agricultura pampeana se interrogan acerca de su sustentabilidad ambiental, es decir, su capacidad de conservar las características ambientales que la hacen tan extraordinariamente productiva.
![]() Figura 1. Localización
de áreas ecológicas homogéneas en la pradera pampeana:
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La pradera pampeana es una amplia llanura de más de 500.000km2 (50 millones de hectáreas) en la que abundan las tierras aptas para cultivos diversos y para la cría de ganado. Su historia productiva es relativamente breve (algo más de 100 años, en promedio) y tiene muchos puntos en común con la de las grandes planicies de los EEUU. Ambas regiones permanecieron principalmente como pradera natural hasta las últimas décadas del siglo XIX, desde cuando pasaron progresivamente a ser utilizadas para producir cereales, oleaginosas y carne en condiciones de irrigación natural por lluvia (recuérdese que es común designar a la región argentina con el nombre de pampa húmeda). En ambos casos, la utilización generalizada de ciertos implementos de labranza y de determinadas prácticas agronómicas provocó severos episodios de erosión durante la primera mitad del siglo XX. Diversos sectores de pradera pampeana varían en la calidad de sus suelos y en la cantidad de lluvia que reciben. Tomando en cuenta factores como los dos mencionados, la región pampeana se suele dividir en cinco áreas más o menos homogéneas: (i) la pampa ondulada, (ii) la pampa central (con una porción más húmeda hacia el este y otra semiárida hacia el oeste), (iii) la pampa austral, (iv) la pampa deprimida o inundable, y (v) la pampa mesopotámica (figura 1). En la primera predominan suelos profundos con buenas condiciones de drenaje, que permiten un uso permanente de la tierra. Es la zona cerealera, apta sobre todo para el maíz y la soja, la más rica de la pampa húmeda, algo así como el corn belt argentino. La calidad de los suelos, en especial por sus contenidos de materia orgánica y nitrógeno y por su estructura granular, declina en la pampa central a medida que se avanza hacia el oeste, pero la mayor parte de su extensión es apta para la agricultura y la ganadería, si bien los riesgos de erosión del suelo imponen algunas limitaciones a la labranza. La pampa deprimida y la mesopotámica son predominantemente ganaderas, con hacienda que se alimenta en praderas naturales o sembradas con pastos perennes introducidos; en ambas áreas, el cultivo de cereales y oleaginosas está restringido por razones de salinidad, drenaje y erosión hídrica. La mayor parte de los suelos de la pampa austral son aptos para los cultivos anuales, en particular trigo, aunque en sus zonas marginales, hacia el oeste, solo permiten la producción ganadera. (Ver recuadro El sistema agropecuario pampeano).
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