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Volumen
12 - Nº 68
Abril / Mayo 2002 |
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Los
seres vivos, y en particular las plantas superiores, constituyen una riquísima
fuente de sustancias para la producción de nuevos y más eficaces
medicamentos. Uno de los auxiliares más importantes en esta búsqueda
son los conocimientos tradicionales sobre efectos curativos de las plantas,
que distintos grupos humanos han acumulado a lo largo de generaciones. Tanto
este conocimiento como las especies que integran el laboratorio viviente
de la naturaleza deben ser explotados racionalmente para evitar su desaparición.
El desarrollo de un nuevo medicamento puede iniciarse mediante la síntesis de compuestos químicos en el laboratorio, o el aislamiento de sustancias existentes en la naturaleza provenientes tanto de plantas, animales o microorganismos, como de minerales. En este artículo nos referiremos solamente a los productos naturales que se originan en los seres vivos. Los procesos químicos que ocurren en ellos dan lugar a la síntesis de un enorme número de sustancias, muchas de las cuales exhiben efectos biológicos de alta selectividad. Por ese motivo, estos productos naturales han constituido durante siglos la principal fuente de agentes medicinales y su búsqueda ha sido una meta para la humanidad desde tiempos prehistóricos.
Los productos naturales pueden aprovecharse como medicamentos de varias maneras distintas, las más importantes son:
Por su relativamente fácil recolección y su capacidad para el desarrollo sustentable, las plantas superiores ocupan un lugar destacado entre las fuentes renovables de productos naturales. El reino vegetal es un enorme reservorio de sustancias, la mayoría de las cuales esperan ser descubiertas ya que se estima que hasta ahora menos del 10 por ciento de las especies vegetales han sido estudiadas exhaustivamente. La mayoría de los compuestos vegetales con actividad biológica provienen de los denominados inicialmente metabolitos secundarios, y más recientemente, productos del metabolismo especial de las plantas. Estas sustancias se han ido desarrollando en el curso de trescientos millones de años de evolución, como respuesta defensiva frente a patógenos y predadores a través de mecanismos cuyos detalles en muchos casos todavía se desconocen.
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