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Volumen
12 - Nº 68
Abril / Mayo 2002 |
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| La atmósfera terrestre es bombardeada diariamente por toneladas de cuerpos celestes que viajan sin rumbo por el espacio. Si bien la fuerza de gravedad los atrae, el rozamiento con la atmósfera actúa como freno. La mayor parte de ellos se desintegra en el aire, pero los que consiguen atravesarla alcanzan la superficie del planeta, pudiendo generar impactos cuya magnitud depende de su tamaño. En un pasado remoto, la Tierra fue víctima de choques violentos, provocados por cuerpos de dimensiones gigantescas, dejando cicatrices a las que los geólogos llaman ‘cráteres de impacto’. Pero, aunque despierte la preocupación de segmentos de la comunidad científica y los medios hagan alarde del tema, el riesgo de colisiones catastróficas hoy, o en un futuro próximo, parece poco probable. Por otra parte, la frecuencia con que se dan los grandes impactos es de millones de años, en un orden de magnitud que está fuera de la escala de la vida humana. |
En 1610, al observar la Luna por primera vez a través de un telescopio, el matemático y astrónomo italiano Galileo Galilei (1564-1642) notó que su superficie no era lisa y uniforme como se imaginaba. Por el contrario, estaba llena de irregularidades, en las cuales verdaderas cadenas de montañas circunscribían zonas más oscuras y aparentemente planas, a las que llamó ‘mares lunares’. En la actualidad, habiendo transcurrido casi 400 años, cualquiera puede experimentar la emoción de observar la Luna a través de un telescopio y constatar que las montañas y los mares de Galileo son, en realidad, enormes cráteres producidos por el impacto de cuerpos celestes.
Sabemos que la Tierra se formó hace 4500 millones de años y que su compañera la Luna es apenas un poco más joven, habiéndose consolidado hace 4300 millones de años. Sabemos también que muchos cráteres vistos por Galileo se remontan a un confuso período comprendido entre 4200 y 3900 millones de años atrás, cuando la superficie lunar experimentó un gigantesco bombardeo.
Si eso fuera verdad, ¿no sería de esperar que la superficie de la Tierra estuviera también repleta de cráteres de impacto? Sería mucha suerte que nuestro planeta hubiese escapado ileso de un bombardeo tan intenso que dejó tantas cicatrices no solo en la Luna, sino también en Mercurio y Marte...
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