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Volumen
12 - Nº 67
Febrero/Marzo 2002 |
En el caso de la expansión ganadera aquí analizada, en el que la experiencia del pasado y las necesidades políticas del presente condicionan el movimiento de la economía, el cambio en las reglas del juego económico no alcanza para transformar los comportamientos y expectativas de los actores.
El proceso de expansión agraria producido en Buenos Aires durante la primera mitad del siglo XIX parece haber sido clave en la conformación de un sistema económico regional basado en la ganadería extensiva, y en favorecer el predominio económico, social y político de un sector terrateniente que habría de proyectarse en la historia posterior de la región.
![]() Prilidiano Pueyrredón, ‘Un alto en la pulpería’. (Óleo sobre madera, 24 x 32,6cm, Museo Nacional de Bellas Artes). |
Sin embargo, los estudios sobre el agro colonial mostraron que durante ese período la región tenía un desarrollo distinto, con una producción diversificada y con predominio de pequeñas y medianas explotaciones de tipo familiar que criaban vacas, mulas, ovejas, así como cultivaban trigo, algo de maíz y gran cantidad de productos de huerta y frutales. Estos bienes se destinaban en buena medida para el consumo urbano (sobre todo hortalizas, trigo y carne), o para mercados regionales americanos (como las mulas) y en parte para exportar (sobre todo algunos derivados pecuarios). Las grandes estancias de la época eran bastante modestas y más bien una excepción que la regla. Las elites bonaerenses se dedicaban sobre todo al comercio de larga distancia que vinculaba Europa con el conjunto del espacio virreinal, en especial con Potosí, y cuando invertían algo en bienes rurales –a decir verdad muy poco en términos relativos a sus intereses– lo hacían preferentemente en regiones más dinámicas como la Banda Oriental del Uruguay y sobre todo en chacras y quintas de las cercanías de la ciudad.
Con la revolución y la independencia las cosas parecen cambiar bastante radicalmente. En su versión liberal, la historiografía entendió que las nuevas circunstancias políticas permitían operar libremente a las fuerzas del mercado, y por lo tanto aprovechar las ventajas comparativas de la pampa húmeda que podía insertarse en el mercado mundial como proveedora de derivados pecuarios. La conjunción de un medio natural altamente favorable con la libertad económica habría llevado a un modelo de explotación ganadera extensiva que aprovechaba de manera inmejorable la dotación de recursos y las oportunidades del mercado. En otras versiones, no necesariamente antagónicas, esta situación se conjugaba con la eliminación de la tutela de la Corona española, la decadencia del comercio de larga distancia que había nutrido a las elites hasta el momento y la posibilidad del acceso directo al poder por parte del sector terrateniente local, lo que le permitía aplicar toda una serie de políticas que ampliaban la posibilidad de expansión de ese sector, en detrimento de otros (como los pequeños productores rurales de origen colonial, el sector agrícola, los artesanos o algunas economías de las provincias interiores abandonadas a su suerte). Esto se expresaría a nivel de los gobiernos de Buenos Aires bastante tempranamente y en especial con la llegada al poder de Juan Manuel de Rosas en 1829.
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