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Volumen
12 - Nº 67- Febrero-Marzo 2002
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![]() Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Asociación Ciencia Hoy |
En varios números anteriores de Ciencia Hoy aparecieron comentarios sobre el uso de artículos antepuestos a los nombres científicos de especies, originados por la expresión ‘la Xylella fastidiosa’ para mencionar a una bacteria. El más elaborado fue el de Néstor Cazzaniga (64:56-59), quien muy acertadamente apuntó que el uso de artículo, si bien erróneo en casi todos los casos, puede aceptarse en algunos, según el contexto de la oración, como lo mostró con un par de bien seleccionados ejemplos. En otros comentarios se buscó la justificación de ese uso y se intentó determinar si los nombres en cuestión son propios o comunes. En uno (62:8) se recurrió a la autoridad de la Real Academia Española, la que habría argüido que corresponde el uso del artículo por tratarse de nombres comunes. Las especies son entes constituidos por muchos individuos, como las mesas o los árboles, por lo que deberían tener nombres comunes. Cada especie constituye una unidad funcional singular y, por lo tanto, debería llevar un nombre propio. Los humanos, que somos singulares, llevamos un nombre propio, pero el conjunto que nos incluye (la especie Homo sapiens) es también una unidad funcional de orden superior y, por ello, también le corresponde un nombre propio. Los zoólogos nos incluyen en la familia Hominidae, y a esta en el orden Primates, ambas también unidades funcionales (de nivel aún más alto), a las que por la misma razón también les corresponden nombres propios. Probablemente esta jerarquización de los seres vivos condujo a la confusión planteada. Que las especies sean, efectivamente, entes individuales o colectivos, es asunto filosófico, a discutir en el ámbito de esa disciplina. Los zoólogos, botánicos, bacteriólogos y virólogos las concebimos como categorías unitarias, pues se multiplican de manera independiente y evolucionan como unidades con línea propia y continuada de descendencia. Para destacar esa singularidad las identificamos con un nombre en singular, que consideramos propio, y no le anteponemos el artículo. Por otro lado, cuando contraponemos opiniones sobre la identidad de alguna especie, podemos escribir: el Lancetes varius de Fabricius difiere del de Brinck por ser más polimórfico, por lo que el de Fabricius incluye también al L. waterhousei de Griffini y al de Ríha. Ello no difiere del párrafo de Cazzaniga: El Darwin inexperto que abordó la Beagle en 1831, al recorrer la Patagonia se convirtió en un Darwin distinto. Las categorías taxonómicas más altas que la especie (género, familia, orden, etc.) también llevan nombres que tratamos como propios, aunque aceptemos que los conceptos son colectivos, ya que incluyen más de una especie. Así decimos ‘los Lancetes’ queriendo decir ‘las especies del género Lancetes’, y ‘las Dytiscidae’ queriendo decir ‘las especies de la familia Dytiscidae’, como Cazzaniga escribió ‘los Pérez García’. En resumen, cuando se mencionan especies por su nombre científico no corresponde, en nuestra opinión, anteponerles artículo en singular; se admite ponerlo para destacar el uso del nombre con un criterio particular, no compartido por todos los especialistas. Para taxones superiores a la especie se admite el artículo en plural para referirse al conjunto de especies incluidas en el taxón.
En el número 65, en la nota ‘La ley de Little y algunas de sus muchas aplicaciones’, donde dice l=QT en página 19, debió decir l=Q/T.