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Volumen
11 - Nº 65
Octubre/Noviembre 2001 |
Realizada por Miguel de Asúa y José
Antonio Pérez Gollán
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En
su libro Cultural Imperialism and Exact Sciences (New York-Frankfurt,
1985), usted afirmó que hacia 1913 La Plata era el segundo centro mundial
de física teórica, después de Alemania (pp. 17-18). Como usted mismo lo señaló,
no todo el mundo está de acuerdo con esto. Si lo entendimos correctamente,
el núcleo del problema sería la noción de ‘nacimiento y ascenso de la física
teórica’. ¿Podría explicar la importancia de este proceso de desarrollo de
una disciplina y el papel que el laboratorio de física de La Plata desempeñó
en él?
Tanto la teoría [científica] como la física poseen una larga y honorable tradición en las civilizaciones mediterráneas y europeas. Durante el Iluminismo francés hubo un campo de estudio, la physique, que contenía muchas partes de la física moderna; además, la filosofía natural postnewtoniana era frecuentemente considerada como el antecedente inglés de la física del siglo XIX. Recientemente Russell McCormmach sostuvo con fundamento que es posible hablar de física teórica en el trabajo del siglo XVIII de Henry Cavendish. Por extensión, las publicaciones de Ampère, Maxwell, Kelvin y otros han sido incorporadas en los actuales libros de texto de física teórica. Es necesario, sin embargo, relacionar ideas y publicaciones con estructuras sociales e institucionales. Durante los primeros años del siglo XX, las nociones teóricas asociadas con la electrodinámica, la termodinámica, el quantum de energía y la relatividad atrajeron el interés de un vasto rango de especialistas: matemáticos, químicos, ingenieros y físicos. Por otro lado, Henri Poincaré en Francia y Hermann Minkowski en Suiza y Alemania ciertamente contribuyeron a las cuestiones teóricas de la física, pero ambos eran, ante todo, matemáticos relativamente despreocupados de lo que sucedía en los laboratorios. Maxwell era profesor de física experimental y lord Kelvin dedicó gran parte de su tiempo a los instrumentos científicos. Relativamente poca gente se dedicaba exclusivamente a cuestiones teóricas y muchos menos se consideraban ‘teóricos’. Planck y Lorentz fueron notables físicos teóricos, pero ambos trabajaron en estrecho contacto con ‘experimentalistas’ y tenían idea de lo que se puede lograr con el experimento, pero ellos mismos no se dedicaron a la experimentación. Lo que yo quise decir es que, durante las primeras dos décadas del siglo XX, el laboratorio de La Plata tenía profesores que entendían cómo el pequeño grupo de físicos teóricos que trabajaba en Alemania desarrollaba la teoría en estrecha relación con el experimento. Jakob Laub y Richard Gans veían claramente el tipo de contribución que la física teórica podría hacer. Por cierto, ellos no eran matemáticos dedicados a interrogar a la naturaleza. Lo mismo puede decirse de Walther Nernst, un físico-químico pionero que estuvo en La Plata como conferencista invitado.
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