Volumen 11 - Nº 65
  Octubre/Noviembre 2001

  El circuito alternativo y el movimiento new age

Maria Julia Carozzi
Universidad Católica Argentina-CONICET

El contexto en el cual floreció el movimiento new age está conformado por una vasta red social que precedió al apogeo de este, se extiende más allá de él y sobrevive su época de mayor esplendor. Dicha red social ha recibido el nombre de circuito alternativo. Los contactos entre la mayor parte de sus miembros son relativamente efímeros y la circulación permanente entre grupos de corta duración es la forma habitual de participación. El núcleo central del circuito alternativo está constituido principalmente por habitantes urbanos con alta educación formal, que toman parte, por lo general de manera intercambiable, en una amplia variedad de disciplinas y técnicas nutricionales, medicinales, psicoterapéuticas, de movimiento corporal, esotéricas, estéticas, espirituales y místicas. Actúan alternativamente como consultantes y consultados, coordinadores y participantes de talleres (o workshops), conferencistas y miembros de auditorios, maestros y discípulos, terapeutas y pacientes.

Tanto quienes conducen esos cursos, talleres y seminarios como quienes participan en ellos circulan por centros y comunidades en un tránsito solo limitado por el tiempo que les llevan sus ocupaciones profesionales y por los recursos de que disponen. Los más famosos se mueven internacionalmente por distintas ciudades del mundo occidental. Como consecuencia de las formas de distribución de bienes culturales en el mundo moderno y del prestigio de los países centrales, particularmente de los Estados Unidos, los integrantes de los circuitos alternativos en esos países tienen la oportunidad de abarcar otros mercados y alcanzar zonas geográficas más amplias. A menudo llegan precedidos por la difusión editorial de sus obras o por la publicidad local de quienes ya participaron de sus talleres. Sin embargo, también se produce la actuación de algunos coordinadores y conferencistas de países periféricos fuera de sus lugares de origen.

Alrededor de ese núcleo central hay un amplio sector periférico de usuarios más o menos ocasionales de los productos culturales y servicios terapéuticos que se ofrecen en el circuito. La magnitud de este sector resulta difícil de cuantificar pero no es pequeña, como lo sugiere el hecho de que sea difícil encontrar en el mundo occidental un habitante urbano de clase media que no haya consumido, por lo menos alguna vez, dichos productos y servicios, aunque más no fuere su música. Una multitud de prácticas habituales fortalecen la new age. En primer lugar, los propios terapeutas y organizadores de workshops promueven la alternancia ecléctica de los integrantes entre grupos y disciplinas, y evitan reclamar lealtad para con alguna organización, permanencia en algún grupo u ortodoxia disciplinaria. Talleres, cursos y seminarios de meditación, tai-chi-chuan, yoga, budismo, filosofías orientales, etcétera, de duraciones predeterminadas, reemplazan la relación permanente entre discípulos y maestros. Una transformación similar se opera en el ámbito psicoterapéutico, en el que el tratamiento prolongado –idealmente hasta la cura– se ve reemplazado por el taller y el workshop grupal de duración predeterminada, que tornan efímero el vínculo del paciente con el terapeuta. A ello se suma el hábito de coordinadores y terapeutas de aconsejar el contacto con numerosos maestros, terapias, disciplinas, centros, lecturas y hasta culturas y lugares del mundo. A menudo terapeutas y maestros ofrecen a los alumnos contactos con quienes practican o enseñan disciplinas diferentes de las suyas, a quienes han conocido, a su vez, por participar en las variadas actividades del circuito.

 

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