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Volumen
11 - Nº 64 Agosto/septiembre 2001
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La investigación del origen de los cultivos y de la difusión de las plantas cultivadas encuentra un instrumento útil en el análisis de los vegetales encontrados mezclados con el suelo en los sitios arqueológicos.
La arqueobotánica es aquella parte de la arqueología que estudia la utilización de plantas por la especie humana en las culturas prehistóricas. Tales estudios adquirieron un importante impulso hace unos treinta años, cuando se comenzaron a utilizar técnicas como servirse de tanques con agua para hacer flotar restos vegetales contenidos en muestras de suelo. De esa manera se pudieron aislar unos materiales que antes se desechaban, identificarlos y analizar su tipo o tamaño, lo que aumentó la cantidad y calidad de datos útiles para la interpretación del registro arqueológico. Se adquirió entonces conciencia de la riqueza de información que pueden proporcionar las plantas a los arqueólogos y se impulsó la recolección sistemática de restos vegetales de los sitios arqueológicos como un medio más de ampliar la investigación de los problemas centrales de la arqueología. En esta nota describiremos a grandes rasgos qué clase de conocimiento se puede obtener del estudio de la domesticación de vegetales, y cómo la producción y consumo de plantas ilustra acerca de los modos de vida de las culturas del pasado lejano.
![]() Figura 1. Tanque casero de flotación. La manguera sirve para llenar el tanque con agua limpia antes de hacer flotar una muestra de sedimentos. El agua también afloja la muestra si llega compactada. Dentro de la pileta se nota el tejido mosquitero usado a modo de zaranda, sobre el que se descarga el sedimento. Los restos más pesados quedan atrapados en la zaranda y los fragmentos vegetales, más pequeños y livianos, caen por el tubo lateral de salida a un filtro de tela. |
Para hacerlo, tomaremos dos ejemplos: el de Monte Verde, un sitio arqueológico ubicado en el sur de Chile cuyos ocupantes eran cazadores recolectores y nunca cultivaron plantas, a pesar de haberse servido de gran variedad de ellas, y el del valle de Zaña, localizado en los Andes centrales del Perú, en el que los habitantes cultivaron y consumieron plantas como parte de una economía que se volcó decididamente a la producción de alimentos. Dos preguntas que desde siempre han intrigado a los investigadores son cuál fue el origen de los cultivos y cómo se difundieron las plantas cultivadas. El punto de partida de la reflexión es el hecho observado de que muchos grupos cazadores recolectores, a pesar de que conocieron y utilizaron las plantas, no optaron por cultivarlas ni complementaron sus economías extractivas con el cultivo de alimentos. Otros grupos, en cambio, se orientaron a producir plantas comestibles, es decir, se embarcaron en la vía de la agricultura. Este debate, pues, es el de los orígenes de la agricultura y abarca cuestiones del tipo de si la práctica de cultivar plantas en vez de simplemente recolectar las que produce el medio se debió a presiones ambientales o demográficas, o si fue determinada por factores culturales. Para entender la función de las plantas cultivadas en la Prehistoria es necesario averiguar cómo se produjo la domesticación de especies vegetales y la introducción de plantas exóticas en medios que no eran los suyos.
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