Volumen 11 - Nº 64 Agosto/septiembre 2001

El ADN del pasado
         Estudio del material genético de las momias y los fósiles


Analía A. Lanteri1 y Viviana A. Confalonieri2

1
Departamento Científico de Entomología, Museo de La Plata, UNLP
2 Laboratorio de Genética, Departamento de Ciencias Biológicas, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, UBA

La posibilidad de conocer el genoma de numerosas especies o poblaciones extinguidas ayuda a reflexionar sobre los procesos que dieron origen a la diversidad y la evolución de la vida en la Tierra.

Desde que J. Watson y F. Crick propusieron en 1953 un modelo de la estructura del ácido desoxirribonucleico (ADN) que coincidía con las evidencias experimentales, los científicos hemos aceptado que esta molécula, presente en todos los seres vivos, es la depositaria de la información genética. Dicha información, transmitida de generación en generación, se registra como un código, el cual está determinado por el orden –o secuencia– de las bases nitrogenadas –la adenina, la timina, la citosina y la guanina– que forman parte esencial del ADN. El conjunto de las bases, y su ordenamiento, es lo que constituye el denominado genoma del organismo en estudio (véase ‘ADN: una molécula maravillosa’, Ciencia Hoy, 8: 26-35, 1990).

Los avances logrados en biología molecular y en el estudio del ADN en especial, desde el momento en que se comprendió su estructura, son asombrosos. Probablemente solo sean comparables a los cambios que se produjeron en el campo de la física teórica durante la primera mitad del siglo XX, cuando Albert Einstein expuso su teoría de la relatividad general y provocó un cambio en la manera de interpretar los fenómenos físicos. De la misma forma, los adelantos en biología molecular en las últimas décadas del siglo XX parecen haber derribado las limitaciones que impone el tiempo cronológico a los seres vivos. Por un lado nos han permitido proyectarnos hacia el futuro, ya que por medio de los procedimientos de clonación es posible perpetuar en el tiempo linajes que poseen las mismas características genéticas que sus progenitores; y por otra parte nos permiten regresar al pasado, mediante la reconstrucción de genomas de grupos de organismos extinguidos hace millones de años.

Los estudios del ADN nos ofrecen una nueva perspectiva de la realidad del mundo orgánico, abriéndonos paso a la lectura del texto más íntimo en la construcción de la vida. Sin embargo, por momentos, estos mismos estudios parecen alejarnos del mundo real y conducirnos al terreno de la ciencia-ficción, estimulando la imaginación de los especialistas y legos más audaces y entusiastas.

 

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