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Volumen
11- Nº 62
Abril/ Mayo 2001 |
El diagnóstico del cáncer
¿Qué es la histopatología?
Ricardo Drut
Servicio de Patología, Hospital de Niños
Superiora Sor María Ludovica, La Plata
El procedimiento más eficaz para el diagnóstico de un tumor es la inspección mediante el microscopio de una pequeña muestra (biopsia) extraída de él. Para lograr esto es necesario recorrer una serie de pasos que incluyen la obtención de la muestra, su tratamiento para prepararla para su examen microscópico y su examen por parte de un experto que formula el diagnóstico basándose en el principio de que cada tumor tiene un aspecto microscópico que le es propio.
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Para la mayoría de las personas el término cáncer
es sinónimo de tumor, y ambas palabras se asocian con una enfermedad
que da lugar a una temible situación personal, familiar o de un ser
querido. Sin embargo el significado médico de la palabra tumor
no se corresponde con esta visión. Desde que fuera acuñada
por los antiguos romanos (ver recuadro Tumores)
solo designa al aumento anormal del tamaño de una parte de un organismo
que aparece como uno o más bultos. Estos pueden ser aparentes a simple
vista, detectables por palpación o, cuando el tumor es de localización
profunda, solo visibles mediante procedimientos más complejos de
estudio de imágenes (radiografía, tomografía, ecografía,
entre otros). Los progresos en el saber médico han llevado a reconocer
que causas muy distintas dan origen a tumores. Entre ellas se cuentan las
inflamaciones, como sucede cuando se generan abscesos, la acumulación
de sangre fuera de los vasos sanguíneos con la aparición de
hematomas, las malformaciones congénitas, y también un aumento
en la frecuencia con que determinadas células se reproducen, no vinculada
a ninguna de las causas mencionadas anteriormente. Esta última condición
se define con el término neoplasia, palabra proveniente de neo: nuevo,
agregado, y plasia: proliferación, referida a un proceso cuyo resultado
(el tumor) se agrega a las estructuras normales.
Las neoplasias se catalogan básicamente en dos grupos: las benignas
y las malignas. Las diferencias entre ambas residen en su distinto comportamiento
biológico. En las benignas las células se dividen lentamente,
son parecidas a las normales, los tejidos mantienen su disposición
ordenada y el tumor está siempre restringido a la zona donde se inició
la proliferación presentando un límite neto con los tejidos
que lo rodean. Por el contrario en las neoplasias malignas las células
se dividen rápidamente y son poco diferenciadas remedando solo vagamente
a las células de los tejidos normales. En este caso las células
infiltran e invaden a los tejidos adyacentes y son capaces de dar lugar
a metástasis, esto es, formar tumores en otros lugares del organismo
al diseminarse por vía sanguínea o linfática. Con pocas
excepciones, en las neoplasias malignas las células tumorales terminan
destruyendo el organismo en el que se desarrollan. Las neoplasias malignas
corresponden al conjunto de enfermedades que se agrupan bajo la denominación
de cáncer.
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