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Volumen
11- Nº 61
Febrero / Marzo 2001 |
![]() "Pareja en el jardin", Oscar Levaggi, 1992. Oleo sobre tela, 70 x 70cm. |
Varios rasgos definen la nueva dinámica del mercado matrimonial
argentino desde 1960: aumento de la edad media al casamiento, sobre todo
en las mujeres; disminución de la diferencia de edad entre los cónyuges;
incremento de la incidencia del divorcio y la separación; desafección
por el matrimonio religioso; etcétera. Sin embargo, el fenómeno
más impactante es con mucho el aumento de las uniones consensuales
(parejas estables que no legalizan su unión en el Registro Civil).
En este comportamiento denominado cohabitación se distinguen
dos modalidades: de prueba, cuando constituye la vía
de entrada a una primera unión que luego es eventualmente legalizada;
perdurable, cuando es elegida como forma permanente para la
primera unión o para la reincidencia nupcial (uniones de segundo
rango o superior). Veamos algunas cifras.
En su conjunto, la incidencia de la consensualidad ascendió ininterrumpidamente
desde comienzos de la década de 1960, experimentando una notable
aceleración desde el inicio de los años 80 (tabla 1).
En el total del país, las parejas consensuales representaban 7% del
total de uniones en 1960 y llegaban a 18% en 1991, es decir, casi se triplicaron
durante esas tres décadas. En la ciudad de Buenos Aires, que parte
de niveles bajísimos en 1960 (1,5% de consensuales), el fenómeno
es de ritmo aún más explosivo: en 1991, dicho indicador alcanzaba
al 13,6 %, es decir, casi se decuplicó en treinta años. Esta
tendencia también se verifica en el interior del país (tabla
2): entre 1980 y 1991, todas las regiones (y sus respectivas jurisdicciones)
incrementaron el porcentaje de uniones consensuales entre un mínimo
de 4 y un máximo de 8 puntos. Este aumento es más intenso
cuanto menor era el punto de partida en 1980: las áreas donde más
aumentó son la ciudad de Buenos Aires, el Conurbano bonaerense y
la región Pampeana; la que menos, la región Nordeste.
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