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Volumen
11- Nº 61
Febrero / Marzo 2001 |
Un ingrediente necesario del proceso de generación de conocimientos es el acceso a la información sobre el estado actual del saber. Por otra parte, los nuevos conocimientos solo pasan a formar parte del corpus de la ciencia cuando se incorporan a fuentes de información que los ponen al alcance de todos. Además, en los últimos años, la labor coordinada de grupos de investigación distantes entre sí pero con capacidad de intercambiar rápidamente información se está haciendo indispensable para encarar con éxito investigaciones en muchas ramas del conocimiento. Un ejemplo latinoamericano, y exitoso, de este modo de operar es la red de laboratorios brasileños cuya labor dio lugar al esclarecimiento del genoma de dos especies de bacterias que atacan a los cultivos de cítricos, la Xylella fastidiosa (Ciencia Hoy, 58: 10-11, 2000) y la Xanthomonas citri causantes, respectivamente, de la colorosis varigerada y del cáncer de los cítricos. Las redes de investigadores también facilitan las indagaciones multidisciplinarias en las que se hace necesario el intercambio de información entre especialistas en diversos campos del saber. Otro aspecto importante de la transferencia de la información en la ciencia es su uso para la obtención a distancia de lecturas de instrumentos de medición o de procesamientos en computadoras.
Cada vez más los métodos tradicionales de manejo de la información
están siendo sustituidos por el uso de la Internet, la red de redes
que asocia a millones de computadoras de todo el mundo merced a un protocolo
común de comunicaciones llamado TCP/IP, Transmission Control Protocol/Internet
Protocol. La Internet nació del proyecto ARPANET (Advanced Research
Projects Agency Network) del Departamento de Defensa de los Estados Unidos,
que se estableció en 1969 para proporcionar un método de
comunicaciones confiable y resistente, inclusive, a ataques nucleares.
La National Science Foundation (NSF) de Estados Unidos aprovechó
mucho de la tecnología de la ARPANET cuando creó la NSFNet,
para el intercambio de información entre la comunidad científica
y académica. La Internet se consolidó definitivamente a
comienzos de la década del 80 ofreciendo como principales
aplicaciones el correo electrónico (EMail), la transferencia de
archivos (FTP) y el acceso remoto a computadoras (TELNET). Las tres aplicaciones
implican la interacción entre computadoras con programas llamados
servidores que acumulan y transfieren información y computadoras
con programas llamados clientes que solicitan la información cuando
el usuario así lo requiere.
En 1989 Tim Berners-Lee y sus colegas en el CERN (Organisation Européene
pour la Recherche Nucléaire), iniciaron un desarrollo que culminó
con la creación de la World Wide Web habitualmente designada como
Web. Esta se incorporó a la Internet en 1994. Los documentos de
la WEB están asociados entre sí mediante hipervínculos
de hipertexto y de hipermedio. El hipertexto permite conectar palabras
o frases de un documento con los otros documentos que contienen información
relacionada. El hipermedio generaliza el mismo concepto a los hipervínculos
entre otras formas de información como los gráficos, el
vídeo y los sonidos. La web opera sobre la base de la estructura
de servidor-cliente del resto de la Internet. Sus archivos están
escritos en un lenguaje llamado HTML (Hyper Text Markup Language) que
contiene, además de la información propia del documento,
los hipervínculos y una dirección para su acceso llamada
URL (Uniform Resource Locator). La comunicación entre los servidores
y clientes se realiza mediante el protocolo HTTP (Hyper Text Transfer
Protocol). La computadora que contiene el cliente compagina
la información transferida por los servidores mediante programas
llamados Browsers (del inglés to browse hojear) cuyos
ejemplos más comunes son el Netscape® y el Internet Explorer®.
La Web se convirtió rápidamente en la componente más
importante de la Internet y en el sustento más firme de la expansión
de sus aplicaciones y los términos HTML, URL y HTTP, que hace pocos
años eran conocidos solo por unos pocos, se incorporaron al lenguaje
cotidiano de los millones de usuarios de la web.
En la Argentina desde 1990 la Asociación Ciencia Hoy, editora
de la revista Ciencia Hoy, mediante su proyecto RETINA y con el apoyo
financiero inicial de la Fundación Antorchas, ha desempeñado
un papel protagónico en el proceso que posibilitó el acceso
a la Internet de la comunidad académica y científica local
(véase Ciencia Hoy, 49: 12-13, 1998 y www.ciencia-hoy.retina.ar).
En la actualidad RETINA sirve a decenas de instituciones públicas
y privadas y a miles de investigadores.
El desarrollo y la generalización del uso de la Internet transcurrió
en paralelo con la caída del costo y el aumento de la capacidad
de procesamiento de las computadoras. Durante el mismo período
se difundió a todo el mundo el uso de los cables de fibra óptica
para transmitir voz y datos. Estos, que conducen información a
la velocidad de la luz, ya han reemplazado casi totalmente a los cables
convencionales de conductores metálicos. Su empleo está
exento de la inevitable demora que acompaña a las comunicaciones
por satélites como consecuencia de la distancia (unos 36.000km)
de sus órbitas a la superficie del planeta.
En el futuro próximo los avances de la velocidad de procesamiento
y de transmisión de datos darán lugar a nuevas aplicaciones
del manejo de la información que superarán a las accesibles
a la Internet actual y cuyo desarrollo necesitará protocolos de
comunicación diferentes a los usados en el presente.
Uno de los líderes en este nuevo campo es la UCAID (University
Corporation for Advanced Internet Development), una institución
sin fines de lucro que agrupa a una serie de universidades de los Estados
Unidos. La UCAID es responsable de dos proyectos principales: Internet2
y ABILENE. Internet2 no es una nueva red sino un consorcio sin fines de
lucro de unas 180 universidades, en el que participan más de 60
empresas líderes en el campo. UCAID recibe fondos de las universidades
y de programas con fines similares de instituciones del gobierno federal
de los Estados Unidos con las que Internet2 colabora estrechamente. La
Internet2 desarrolla y pone en marcha tecnologías de avanzada en
comunicaciones entre computadoras. Su organización repite la asociación
entre los sectores académico, industrial y público que fue
crucial en la génesis de la Internet actual. Por ahora sus actividades
están abiertas solo a la comunidad científico-académica.
ABILENE, el otro proyecto de la UCAID, es una red de comunicaciones que
se extiende por más de 21.000 kilómetros de cable de fibra
óptica, con más de 13.000 kilómetros de circuitos
interiores y otros 8000 kilómetros de circuitos de acceso. ABILENE
puede transferir datos a una velocidad de hasta 2,4 gigabits por segundo
(aproximadamente 2400 millones de unidades de información por segundo),
esto es unas 85.000 veces más que un módem de la generación
actual.
Entre muchas otras aplicaciones, la Internet del futuro hará posible
lo que sus creadores describen con el neologismo teleinmersión.
Mediante ella usuarios de lugares distantes entre sí podrán
colaborar en tiempo real, como si estuvieran compartiendo un mismo ambiente
físico. Para generar un ambiente de teleinmersión las computadoras
deberán reconocer la presencia y los movimientos de los individuos
y de los objetos reales o virtuales participantes y proyectarlos a un
ámbito tridimensional accesible a todos los actores de la interacción.
No parece desatinado pensar que los sistemas de teleinmersión generarán
cambios profundos en los paradigmas de la educación, de la investigación
científica y de los desarrollos industriales.
Otro aspecto del futuro que se avecina son los laboratorios virtuales
en los que grupos dispersos trabajarán en proyectos comunes. A
pesar de estar relacionados con las aplicaciones de la teleinmersión,
los laboratorios virtuales no requieren a priori de un ambiente tridimensional.
Uno de los muchos ejemplos de esta aplicación son sistemas de pronóstico
del clima que recibirán datos de satélites, de detectores
de las condiciones atmosféricas y de simulaciones por computación.
Un aspecto específico de esto es la predicción de la calidad
de la atmósfera conjugando modelos del clima, de la circulación
oceánica y de la química ambiental con datos de equipos
de detección de la contaminación atmosférica. En
laboratorios virtuales de este tipo los científicos podrían
indicar en tiempo real las medidas necesarias para mantener la calidad
de la atmósfera.
Los nuevos desarrollos también influirán en las bibliotecas
digitales. Si bien muchas de las demandas de acceso en línea a
bibliotecas están cubiertas por la actual Internet, los desarrollos
de la Internet2 permitirán la integración plena del sonido
y las imágenes a un ambiente que hasta ahora está dominado
por los textos. Las representaciones visuales y auditivas de alta calidad
constituyen una herramienta útil para conocer estructuras espaciales
y sonoras con forma compleja y variable en el tiempo. Este terreno abarca
asuntos que van desde las intrincadas formas del material biológico
hasta las artes visuales y las artes de la representación, cuya
aprehensión estaría muy limitada si el único modo
de acceder a ellas fueran los textos.
Con relación a la educación a distancia lo ya comentado
indica que adecuadamente utilizada la Internet del futuro permitirá
a estudiantes y docentes disponer de material didáctico en cualquier
lugar y en cualquier momento de un modo que no es accesible a las formas
tradicionales de la instrucción incluyendo a los actuales intentos
de instrucción asistida por computadoras.
En setiembre del año pasado Chile se convirtió en el primer
país de América latina integrado a las redes de nueva generación.
Para hacerlo la red interuniversitaria chilena (REUNA) instaló
un enlace de alta velocidad que se extiende desde Arica hasta Osorno.
A fines de 2000 la comunidad científica del estado de San Pablo
en Brasil también se incorporó al proyecto Internet2. El
acceso fue obtenido con la finalidad de facilitar la interacción
entre instituciones de San Pablo y universidades estadounidenses integrantes
del consorcio Internet2 que participan en investigaciones conjuntas sobre
biodiversidad y el genoma humano en el cáncer.
La decisión mostrada por los países vecinos contrasta con
la ausencia de iniciativas similares en la Argentina. Ciencia Hoy cree
que esto debe corregirse y que la Argentina debe participar desde ahora
en la Internet del futuro. El costo de acciones razonables para lograr
este objetivo es lo suficientemente bajo en relación al presupuesto
nacional público y privado de ciencia como para que no se puedan
esgrimir argumentos financieros para justificar la inacción. Por
otro lado el país dispone de los recursos humanos adecuados y de
una red de fibra óptica suficientemente extendida como para garantizar
la factibilidad de la participación local. Programas de investigación
ya en marcha como, por ejemplo, el proyecto Auger para la detección
de chubascos de rayos cósmicos (véase Ciencia Hoy, 35: 21-28,
1996) y las proclamadas intenciones del ministerio de educación
de aprovechar las redes de computadoras para mejorar la educación
en todos sus niveles necesitan estar al día con las nuevas tecnologías
de la información.
Sin embargo, como en otros casos, más que los ejemplos particulares lo que está en juego en las decisiones que se tomen es un principio general que Ciencia Hoy siempre ha hecho suyo y que puede formularse diciendo que si la Argentina desea genuinamente convertirse en una sociedad basada en el conocimiento debe destinarle a su comunidad científica los recursos adecuados. Los nuevos desarrollos de la Internet son parte de esos recursos.
Los editores agradecen la colaboración de Guillermo Cicileo, Carlos Frank y Carlos Matrángolo, del proyecto RETINA, quienes proporcionaron la información técnica para este editorial.
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