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Volumen 10 -
Nº 60
Diembre 2000/Enero 2001 |
| Las proteínas son fundamentales
en todos los procesos biológicos. Es por ello de extrema importancia
comprender en detalle cómo es que actúan, para lo cual es esencial conocer su estructura interna. |
Lee Wen Hwa1,2
e Igor Polikarpov1 1 Laboratorio Nacional de Luz Síncrotron e 2 Departamento de Genética e Evolução, Universidade Estadual de Campinas. Brasil. |
En los últimos cuarenta años tuvieron lugar enormes avances
en todas las áreas científicas, pero en especial en la biología.
El desarrollo de la biología molecular y de las técnicas de
recombinación del ácido desoxirribonucleico (ADN) la
molécula donde reside la información genética
hicieron posible descubrir y comprender muchos fenómenos biológicos.
Entre dichos progresos existe un área, poco conocida por el público
en general, que se transformará seguramente en una de las más
importantes para la biotecnología: la cristalografía de las
proteínas.
De entre todos los métodos que se conocen actualmente, la cristalografía
es el más indicado para describir una molécula de proteína,
ya que permite establecer la posición de cada uno de sus átomos
(véase el recuadro
La estructura de las proteínas, Ciencia Hoy, 29:31-42,
1995, que hemos reproducido para ayudar al lector en la comprensión
del texto). Estos estudios posibilitan determinar la relación entre
la estructura de la proteína y su función biológica,
algo tan importante para un bioquímico como la disposición
de los engranajes de un reloj para un relojero. Se puede tener una lista
de esos engranajes, pero si se desconoce cómo se ensamblan e interactúan
unos con otros, no se entenderá el funcionamiento del reloj. De igual
forma, los bioquímicos pueden conocer la naturaleza y la secuencia
de los aminoácidos de una proteína (véase la figura
1), pero sin saber cómo estos interactúan no se comprenderá
el mecanismo de acción de la proteína en el organismo. Por
ejemplo, en el caso de las enzimas, las proteínas que catalizan o
sea que aceleran ciertas reacciones, no existían medios directos
para discernir cuáles aminoácidos tenían participación
efectiva en el proceso catalítico. Las hipótesis sobre el
mecanismo de las reacciones y la identificación del sitio activo
o sea la región de la proteína donde ocurre la reacción
se proponían sobre la base de la comparación bioquímica
entre el sustrato la molécula que es blanco de la actividad
enzimática y el producto de la reacción.
Formulada la hipótesis, era necesario confirmar qué región de la enzima y cuáles aminoácidos de la secuencia estaban involucrados en la reacción catalítica. Para ello se eliminaba alguna parte de la enzima y se verificaba, en nuevos ensayos, si la actividad enzimática estaba alterada. Sin embargo, aun constatando una pérdida de la función biológica, era difícil saber qué aminoácido era el responsable de la reacción. Al posibilitar la visualización de la molécula, la cristalografía permitió identificar el aminoácido que realizaba la función de catálisis y cuál actuaba como soporte de la reacción, orientando el sustrato de manera correcta.
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