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Volumen 10 -
Nº 58 Agosto/Septiembre 2000
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Un cambio de gobierno y la llegada de nuevas autoridades
públicas proporcionan siempre la oportunidad adecuada para revisar
la marcha de las políticas estatales, corregir deficiencias y confirmar
o alterar el rumbo en el que se está avanzando. En materia de políticas
científicas y tecnológicas que durante el gobierno
anterior habían sufrido varias crisis y hacia el final del período,
a partir del momento de la creación de la Agencia Nacional de Promoción
Científica y Tecnológica, adquirieron algún dinamismo
mucho se esperaba de las nuevas autoridades, ya que era necesario consolidar
avances que gozaban de extenso respaldo en la comunidad académica
pero, también, rectificar aspectos ampliamente controvertidos y,
sobre todo, encarar acciones que habían quedado a medio hacer o
sin iniciar. A más de seis meses de haber llegado la Alianza al
poder, sin embargo, si hay algo en que prácticamente todo el mundo
científico y tecnológico está de acuerdo es que esas
esperanzas se han frustrado. En lo que parece un episodio paradigmático
de la política vernácula, una nueva conducción tomó
las riendas y pareció más preocupada en cuestionar el pasado
inmediato que en construir el futuro.
Se podría decir que con la reciente dimisión del presidente
del CONICET, Pablo Jacovkis, designado en enero de 2000 por las actuales
autoridades, se ha cerrado ese tiempo inicial en el que la gente está
dispuesta a dar crédito y tener confianza en un nuevo gobierno.
A comienzos de julio, el nombrado dejó el cargo que ocupaba porque,
como puso en el texto de la renuncia presentada al presidente De la Rúa,
no ha existido ningún signo concreto de apoyo económico
inmediato al sistema nacional de ciencia y tecnología. Señaló
también que el presupuesto del CONICET para este año,
de entrada insuficiente, se ha visto reducido aún más con
el transcurso de los meses. Agregó que en este momento sería
imprescindible dar un mensaje convincente a la comunidad científica
y tecnológica, cuyo estado de ánimo es de profunda decepción
y descreimiento. Indicó por último que sin el apoyo de los
científicos y tecnólogos, las posibilidades de éxito
de cualquier proyecto de desarrollo del país, por más ambicioso
que sea, son sumamente escasas.
La partida del doctor Jacovkis no hizo sino acrecentar entre los investigadores
la decepción y el descreimiento que aquel señaló
en su renuncia. Su reemplazante, Andrés Carrasco, ha debido asumir
las funciones presidenciales en una atmósfera de escepticismo y
de desconfianza por parte de sus colegas, que seguramente le costará
remontar. Esperamos que pueda tomar distancia de los innumerables intereses
en juego y enfocar a los muy graves y complejos problemas del CONICET
con una mirada fresca, que se apoye en las experiencias modernas del país
y el extranjero, más que en el peso muerto del pasado.
Uno de los episodios que parecen haber precipitado la decisión
de Jacovkis fue la publicación por parte del secretario de Tecnología,
Ciencia e Innovación Productiva (SETCIP) de un documento titulado
Programa para el financiamiento
y organización del sistema de ciencia y técnica,
del que se transcribe lo sustancial. El escrito esboza, en un estilo cuasi
telegráfico, profundos cambios en el sistema oficial de ciencia
y tecnología, pero carece del andamiaje de datos y de la complejidad
y sutileza de razonamiento requeridos para fundamentar y defender tamañas
reformas. Tampoco proporciona información sobre la manera de llevar
a la práctica las medidas que propone ni da la impresión
de haber aquilatado las dificultades que se presentarían, por lo
que, en realidad, más que un plan o programa es un esquema preliminar.
Muchas voces se han hecho oír como consecuencia de la publicación
del Programa, la mayoría en actitud de temor por los efectos
de las acciones imaginadas, de desacuerdo y aun de rechazo. De esas voces
se destaca por su procedencia institucional la declaración del
directorio del CONICET, aprobada, según sus firmantes, por un
número considerable de investigadores. Se reproduce lo sustancial
de esa declaración, para que el lector ajeno a las cuestiones en
debate pueda apreciar los argumentos. La discusión versa sobre
asuntos cruciales para el futuro de la ciencia en el país, que
ciertamente no deberían abordarse de la manera simplista en que
lo hace el Programa. Ciencia Hoy ha tratado repetidamente tales
temas en sus editoriales: entre los más recientes, consulte el
lector interesado los de los números 53 y 56.
Como se puede deducir de la lectura de los documentos transcriptos, se
ha producido un grave enfrentamiento entre la autoridad política
y una porción significativa y sin duda representativa de la comunidad
científica del país. No es fácil que las relaciones
puedan recomponerse y no ayuda que el clima del conflicto se esté
caracterizando cada vez más por la intransigencia, la intolerancia
y la arrogancia. Las cosas distan mucho de asemejarse a la esquemática
caricatura que presenta el documento de la SETCIP, pero tampoco se las
puede describir en los términos idílicos que resultan de
ciertos pasajes de la argumentación del directorio del CONICET.
Igual que sucede en muchos enfrentamientos, no se advierte que haya diálogo
entre las partes sino monólogos que solo escuchan los partidarios
de cada una. La maquinaria de la política partidista, enturbiando
aún más las aguas, movilizó a agrupaciones estudiantiles
notoriamente ajenas a los temas en debate, como si lo que estuviese en
juego no fuese más que una porción del poder.
El gobierno no parece tener conciencia de la magnitud del daño
que puede causar y, en consecuencia, se encamina a embarcarse en acciones
cuyo efecto podría acabar siendo similar a los de las torpes acciones
de las dictaduras castrenses. Es trágicamente irónico pensar
que lo que no hicieron los bárbaros lo hicieron los Barberini:
lo que no hicieron los dictadores militares lo podría hacer el
gobierno democráticamente electo de la Alianza. El presidente De
la Rúa, a pesar de su larga historia de prudencia y respeto por
las instituciones, puede terminar en esta materia pasando a la historia
junto con el patético dictador Onganía. Si no recapacita,
el pronóstico del futuro de la ciencia en la Argentina no será
optimista.
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Documento del directorio del Conicet
sobre el programa para el
financiamiento y organización del sistema de ciencia y técnica Suscripto por los ocho miembros del directorio de la institución:
Armando Raúl Bazán, Luis Alberto Beaugé, Esteban
Alberto Brignole, César Atilio Nazareno Catalán, Marcelo
Gustavo Daelli, Julio Alberto Luna, Norberto Pedro Ras y Juan Alfredo
Tirao.El Programa comienza señalando la necesidad de vincular
el futuro de la nación a la sociedad del conocimiento, lo que
confirma la permanente posición sostenida por el CONICET. Continúa
citando, como uno de sus objetivos principales, la mejora salarial
de los investigadores jóvenes, problema que este directorio
ha señalado reiteradamente y que comparte plenamente. Sin embargo,
la reciente reducción de los salarios de los investigadores,
especialmente de aquellos cuyos ingresos principales provienen del
CONICET, es contradictoria con las políticas de financiamiento
previstas para el futuro. |
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