Volumen 10 - Nº 56
Abril/Mayo 2000

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Foto de Titán obtenida por la Voyager I aproximadamente a 4,5 millones de kilómetros de distancia.
TITÁN, un laboratorio para el origen
de la vida*

 

Luiz Fernando C. Nascimento
Grupo de Dinámica Orbital y Planetología,
Universidad Estatal Paulista (Guaratinguetá)

Rogelio Pinto Mota
Laboratorio de Plasma, Universidad Estatal
Paulista (Guaratinguetá)


Titán es el mayor de los 18 satélites del planeta Saturno y el único de ellos que posee atmósfera. A pesar de que fue descubierto hace unos 350 años, se mantuvo prácticamente en el olvido hasta el inicio de este siglo. La atmósfera del satélite contiene nubes y polvo que impiden la visión de su superficie. Su interior es un núcleo rocoso, cubierto por una capa de hielo. Titán constituye un fantástico laboratorio para el estudio del origen de la vida. Por eso, cuando la sonda de la nave Cassini toque el suelo de Titán cerca del año 2004, quizá se derrumbe el dogma de que la vida es una prerrogativa exclusiva de la Tierra.

Desde la Antigüedad el cielo nocturno ha despertado gran fascinación en los seres humanos. Durante mucho tiempo, las estrellas sirvieron como guías para viajantes mercaderes y guerreros. Las constelaciones, conforme aparecían en el cielo, indicaban las épocas de siembra y cosecha. Con el invento del telescopio por el físico y matemático italiano Galileo Galilei (1564-1642), comenzaron a surgir los grandes descubrimientos astronómicos.

En este siglo, gracias al uso de vehículos espaciales no tripulados como las Viking, Venus, Mariners y Galileo, entre otros, los planetas Marte y Venus fueron explorados por naves que se posaron sobre sus superficies. Se llegó a Júpiter y a su sistema de satélites y se envió un módulo para estudiar su atmósfera. Sus satélites Io, Calisto, Ganímedes y Europa, están siendo objeto de observaciones que proporcionan resultados mayores y mejores a todos los acumulados hasta entonces.

Titán es el único de los 18 satélites de Saturno que posee atmósfera. A pesar de haber sido descubierto en 1655 (ver "Antes de los dioses del Olimpo"), los estudios sobre él no progresaron, hasta que en 1944 se interesó en él el astrónomo holandés naturalizado norteamericano Gerard Peter Kuiper (1905-1973), descubridor de Miranda, el quinto satélite de Urano, y de Nereida, el segundo satélite de Neptuno.

 

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